Perros de paja, descafeinada adaptación a los tiempos

 

Malos tiempos corren para la incorrección. A principios de los 70 surgió un cine contracultural dentro de los estudios de que levantó ampollas y, a su vez, dio a conocer a una serie de directores míticos hoy día. Uno de ellos fue Sam Peckinpah que con su película Perros de paja (1971) soliviantó a , campesinos, progres y bienpensantes en general. Y esto es bueno. Cuando cabreas a todo el mundo a la vez y a sectores supuestamente opuesto es porque estás tocando la tecla adecuada.

La idea de un remake de Perros de paja no es que me sedujese demasiado pero tenía la curiosidad de ver cómo habían adaptado los elementos más controvertidos de la película de Peckinpah a los tiempos modernos. Cuento un poco de qué va la historia para que os hagáis una idea: David y Amy son dos urbanitas que se mudan a una casa de la América profunda donde nació ella. Allí ella se reencuentra con personajes de su pasado y él tendrá que enfrentarse, en principio de buenas maneras, con estos catetos que intentan hacerle la vida un poco difícil.

Violencia, reflexión social y ambigüedad eran tres de las características de la obra original que aquí quedan reducida a su mínima expresión. Por tanto la película mantiene prácticamente punto por punto todas las anécdotas de la cinta de 1971 pero huye de todos sus aspectos polémicos. Así, cualquier atisbo de interés queda borrado del mapa cinematográfico y todo se queda en una simple película sobre unos pueblerinos que acosan a unos que vienen de la ciudad porque éstos son un poco soberbios con ellos.

Todo el potencial atmosférico y de mal rollo queda mitigado por la aséptica realización de Rod Lurie (también autor del guión) que ni siquiera hace un mínimo esfuerzo por dotar a la película de un poco de personalidad. Además, Perros de paja tiene dos de los mayores errores de casting que recuerdo en mucho tiempo: ni James Marsden ni Kate Bosworth me parece que den los físicos adecuados a los personajes que interpretan: el primero, demasiado guapito para un personaje que se supone que es un poco calzonazos, y la segunda demasiado resabiada para ser una joven inocente.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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