Mysterious Object at Noon, la creación del relato

 

Tras una fructífera carrera en el mundo del cortometraje, el cineasta tailandés debuta en el largometraje el año 2000 con Mysterious Object at Noon, película que se estrena por primera vez en nuestro país en una versión restaurada.

Mysterious Object at Noon

Financiada con un presupuesto mínimo, en un rodaje cercano a la guerrilla,  Mysterious Object at Noon anticipa la que serán algunas de las contantes del autor como la aparición del misterio en un contexto cotidiano y el uso del cuento tradicional como motor a otros relatos que funciona aquí como un cadáver exquisito. La película mezcla ficción y realidad con unas formas más documentales que en sus últimos trabajos, mientras viaja desde los campos tailandeses hasta Bangkok. Durante este viaje, el equipo oirá a travéss de diversas fuentes la historia de un niño discapacitado con poderes sobrehumanos y su profesora.

Con Mysterious Object at Noon, Weerasethakul consigue imprimir de magia lo que en principio en manos de otro cineasta hubiese sido una simple sucesión de estampas cotidianas en forma . El director alterna el en sí junto con imágenes del rodaje del mismo, de forma que nos hace partícipe del proceso creativo sin que esta opción parezca un making-of. Al contrario, Weerasethakul se convierte por momentos en otro personaje más de la obra junto al misterioso objeto del que todos hablan y pocos saben. De este modo, se presenta definitivamente el tema que quiere tratar Mysterious Object at Noon: la naturaleza móvil, indefinida y mutante de la(s) narración(es) y lo complejo que es de dotar de sentido a un relato fragmentado, aunque el origen sea el mismo.

Mysterious Object at Noon

El estreno tardío de Mysterious Object at Noon viene decirnos que el cine de Apichatpong Weerasethakul debe ser recuperado, examinado y, sobre todo, sentido, perdiendo el miedo a lo no convencional; arrastrándonos al misterio de un cineasta que en algún momento debería salir de las catapultas del cine más escondido y comenzar a llegar a un público más amplio. Todo es ponerse.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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