My French Film Festival: Aleluya

 

La historia real de Raymond Martinez y Martha Jule Beck, conocidos como los Asesinos de los Corazones Solitarios, ha inspirado un buen número de películas, alguna de ellas bastante estimables como Los asesinos de la luna de miel de Leonard Kastle o Profundo carmesí de . En Aleluya el director belga recupera la historia de esta pareja que se caracterizó por seducir a señoras pudientes y, posteriormente, asesinarlas para quedarse con su dinero.

Aleluya Lola Dueñas

El acercamiento de Du Welz se centra en el personaje femenino de Gloria, interpretado magistralmente por la española . Mientras que Michel seduce a sus víctimas, Gloria espera tras la puerta pero es incapaz de controlar sus instintos mortales. Estas esperas donde el tiempo se dilata suponen uno de los logros de la interpretación de Dueñas y el trabajo de cámara de Du Welz. Los planos cortos que no dejan respirar ni al espectador ni a los personajes nos meten de lleno en una historia que funciona con contundencia a pesar de que sea algo previsible.

Pero a Du Wlez no le interesa tanto la historia como la observación de los personajes que se enfrentan una y otra vez a situaciones limites de las que son responsables. El continuo desparrame de sangre viene compensado por unas roturas de tono que van de lo cómico a lo musical, dando a Aleluya una pátina de extravagancia muy necesaria para alejarse de los referentes anteriormente mencionados.

Aleluya Lola Dueñas

Pero a pesar de los quiebros tonales, Aleluya tiene un toque realista realmente malsano y muy disfrutable. Y casi sin querer se acerca con ternura y crueldad a los ojos de Gloria, como tratando de entender qué está pasando pero sin justificar ni razonar, solo mirando. Para esto es esencial, volvamos a mencionarla, el trabajo de Lola Dueñas como una más que creíble psicópata la mar de tierna.

mfff

 

 

 

Puedes ver Aleluya dentro de My French Film Festival en Filmin

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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