Festival de Málaga 2018: MI QUERIDA COFRADÍA, feminismo para todos los públicos

 

La comedia siempre es muy agradecida por el público del Festival de Málaga. Y sobre todo si es una cinta como Mi querida cofradíaambientada en la malagueña localidad de Ronda. Si a esto sumamos su componente cofrade, tenemos a una de las más serias aspirantes al premio del público del certamen.

Mi querida cofradía

El segundo largo de Marta Díaz propone el relato de una aspirante a hermana mayor de una cofradía rondeña. Cuando no acabe saliendo elegida Carmen tomará cartas en el asunto para hacerse con el control de la cofradía y, de paso, solucionar la injusticia que se ha producido. Mi querida cofradía plantea en primer lugar el evidente machismo que nutre estos entornos donde las mujeres son relegadas a sufrientes con mantilla recibiendo órdenes y consejos acerca del bien vestir por parte de sus compañeros . Más allá del agradecido comentario feminista que hace la película en ciertos momentos habríamos deseado algo más de mordiente en la sátira.

Mi querida cofradía decide ser una comedia repleta de equívocos y humor blanco que pretende criticar ciertos comportamientos pero, a la vez, pone demasiado empeño en no resultar demasiado vitriólica. Por ello, no encontramos ningún rastro de Berlanga y Azcona, permaneciendo más en el terreno “correcto” de un Emilio Martínez-Lázaro. Aún así, el guión de Marta Díaz y Zebina Guerra está escrito con el suficiente oficio para no decaer en su ritmo y proporcionar un entretenimiento más que agradable aunque falto de mordiente. Por decirlo de otra manera: ningún cofrade encontrará motivo de ofensa ante una obra más que políticamente correcta por mucho que critique cierta costumbres y entornos ciertamente machistas.

Especial mención tiene sin duda el elenco femenino formado por la protagonista Gloria Muñóz, magníficamente secundadas por unas divertidas Pepa Aniorte y Rosario Pardo, valores seguros a la hora de provocar risas. Es Mi querida cofradía una película hecha para ellas, donde los personajes masculinos son totalmente secundarios.

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Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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