Men in Black 3, algo medianamente distraido

 

La primera Men in black fue un éxito sorpresa, eso es así. Nadie se esperaba que una película protagonizada por un incipiente y el director de La Familia Addams fuese a dar resultado. Además salía que no es que lleve a las masas a las salas. El secreto era una eficaz traslación de una estética de dibujos animados y una corta duración que ni siquiera llegaba a los 90 minutos. Ya la segunda parte perdía parte del encanto y tuvo la mala suerte de toparse con Bin Laden: el tercio final de la película se desarrollaba en torno a las Torres Gemelas y tuvo que replantearse precipitadamente debido a hechos ya conocidos. Esto la convertía en una película muy deslabazada con unos cambios de ritmo y tono muy evidentes que terminaba aburriendo. Además no repitió el éxito de la primera parte.

Diez años hemos tenido que esperar para ver esta tercera parte a mayor gloria de Smith que es el protagonista absoluto. ¿Ha merecido la pena esperar? Pues la verdad es que da un poco igual y, en el fondo, es de lo peor que puede pasar. Men in black III es mejor que la segunda, eso es fácil, pero lo que en la primera era frescura y originalidad aquí ha desaparecido. Estamos ante la típica película que se deja ver con momentos en los que te sorprendes a ti mismo pensando en tus cosas para acto seguido sonreír con alguna gracieta.

Lo que más me sorprendió de Men in black III es la escasa presencia de los extraterrestres en la trama. Hay un malo y poco más. Lo que en las anteriores entregas era una baza (ver la interacción de éstos con el mundo de los humanos) aquí desaparece. En este aspecto solo se puede destacar la presencia de rostros conocidos en la pantalla gigante que monitoriza la actividad de los aliens en nuestro planeta.

El viaje al pasado del personaje de Smith para encontrarse con un joven Tommy Lee Jones interpretado por tampoco tiene mucha chicha que digamos. La divertida encarnación de Brolin pierde impacto demasiado pronto y ni siquiera se le saca partido a la visita a La Factoría de Andy Warhol o a las paradojas temporales.

En conclusión, una cosa que se ve con el piloto automático de pasar un rato medianamente distraído sin mucha exigencia. Reseñar, eso sí, el excelente uso del 3D en ciertas escenas, de lo mejorcito visto en un tiempo.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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