Margin call, didáctica y necesaria lección de economía

 

Margin Call podría haber sido una película mucho más complicada, mucho más ininteligible. Narrando una especie de recreación de las 36 horas anteriores al desplome de Lehman Brothers podrían habernos hundido en farragosos términos económicos de los que no tenemos ni idea ni queremos saber en el fondo. Afortunadamente, como dice el personaje de aquí se nos explica todo en plain english, es decir, en un lenguaje accesible pero sin quitar un ápice de complejidad al asunto.

J.C. Chandor (director y guionista) sabe que no tenemos que saber de economía ni a qué se dedica en el fondo esta empresa tan rara. Nos cuenta que mueven, compran, venden y prestan dinero. Y que llega un momento que hay algo que se les ha ido de las manos, que han estado demasiado tiempo cruzando ciertas líneas peligrosas. Es en el momento de la reacción ante la inminente catástrofe donde está el interés de la película. Aquí lo que interesan son los personajes. Cómo cada uno irá mostrando sus posturas, su carácter, sus debilidades y compromisos. Despiadados y cínicos algunos, miedosos y arribistas otros, e irresponsables todos.

Mezclando elementos de , drama y reflexión social, Margin Call cuenta además con uno de los repartos más sólidos visto en mucho tiempo: Kevin Spacey, Paul Bettany, Jeremy Irons, Zachary Quinto, Simon Baker, Mary McDonnell, Demi Moore, Stanley Tucci. Imposible destacar a uno sólo ya que  cada uno tiene su momento de inspiración sublime.

No soy un experto en economía y no sé si la película es fiel reflejo de lo que pudo pasar con Lehman Brothers. Pero se agradece el didactismo de esta película. Que nos expliquen cosas que se sabe que son difíciles de entender pero sin tampoco tratarnos de tontos. Margin Call no deja de ser una película inteligente, oportuna y necesaria. Además es muy entretenida. No podemos pedir más.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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