Margenes Online: YO ME LO CREO / INADAPTADOS, el punk sigue vivo

 

Margenes Online permanecerá abierto a todo el público hasta el 31 de diciembre. Una oportunidad de acercarse a un puñado de películas radicales, innovadoras y arriesgadas. Una buena muestra de que el cine no solo se nutre de galaxias y guerras civiles; un ejemplo de que otro cine es posible, ni mejor ni peor sino distinto y ante el que mantenerse indiferente no es una opción.

Yo me lo creo

Yo me lo creo

Un hombre con cara de enfado ocupa gran parte del metraje de Yo me lo creo. Oímos su voz y vemos su expresión. Su voz acumula palabras malsonantes, declaraciones políticamente incorrectas y mucha ira. Hacia todo y hacia todos. Hasta llegar a sí mismo.

El colectivo Terrorismo de autor firma una pieza que mezcla la imagen de Antonio Ruiz con material documental para trazar un retrato del angry white man español, es decir, lleno de quejas y falto de soluciones. Del mismo modo, Yo me lo creo propone un elogio a la locura, a la insatisfacción y la ira como modo de vida, que contrasta saludablemente con los anodinos tiempos de buenismo propuestos por los apestosos anuncios navideños. Muy recomendable para aguarle la nochebuena a tu .

Inadaptados

Si Yo me lo creo aborda el desde una perspectiva ideológica, Inadaptados aporta su granito de arena en lo puramente audiovisual mediante la recopilación de declaraciones de Natxo Etxebarrieta, cantante del grupo vasco Cicatriz.

Con un material de archivo visualmente sobrecogedor asistimos a una historia de canciones punk, estancias carcelarias y adicciones varias enmarcada en el rock radical vasco. La película de Kikol Grau posee la vehemencia de una canción punk, así como su velocidad y sentido estético, convirtiéndose en un documento que habría hecho las delicias de Eloy de la Iglesia si hubiese sido un punkarra. De este modo, no solo se nos ofrece un retrato de Etxebarrieta sino del estado de ánimo de una sociedad (la juventud vasca de finales de los 80) que a los más jóvenes del lugar les resultará tan atractiva como marciana.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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