Luces Rojas, Cortés se marca un Shyamalanolan

 

DADA LA NATURALEZA DE LA PELÍCULA ESTA CRÍTICA ESTÁ LIBRE DE SPOILERS

No sé si de forma consciente o no Luces Rojas remite en todo momento al cine de Shyamalan por un lado y al de por otro. Del primero coge la estrategia narrativa de jugárselo todo en la sorpresa final. Del segundo coge el tema de la obsesión y la estructura del truco de magia para desarrollar toda su trama. Y en el proceso a Rodrigo Cortés se le corta la fórmula al no manejar los elementos con total soltura. Me explico.

La premisa queda clara desde el trailer así que tampoco desvelo mucho: y son dos investigadores de fenómenos paranormales que se encargan de desenmascarar a farsantes. Y por allí pasa que es una antigua estrella del tema. La cosa está en averiguar si existen o no la telequinesis y demás zarandajas y ver donde está el truco. Y aquí está el primer pero que le pongo a Luces Rojas: Cortés tarda una hora en hacernos todo este planteamiento que debería haberlo hecho en 20 minutos. En nada sirve alargar el tema y sólo se me ocurre la intención de ir plantando pistas falsas y personajes trampa para que nos devanemos los sesos en intentar averiguar a ver qué pasa.

Con todo un primer acto excesivamente alargado, lo mejor viene en la parte de la obsesión del personaje de Murphy con el psíquico De Niro. Aquí el británico demuestra ser una excelente elección a la hora de transmitir una mezcla de inocencia y turbiedad que le viene muy bien el personaje.

Por último, llega el momento de sacar el conejo de la chistera y aquí ya depende de cada uno si la resolución es de su agrado o no. Yo aun no sabría decir si fue de mi agrado o no. No me aclaro. Quizás eso es lo peor. Que me dejó un poco igual.

Luces Rojas no es para nada una mala película. El plantel de actores es excelente y Cortés rueda muy bien y es ambicioso. Pero es insatisfactoria en su desarrollo quizás fruto de esa ambición. Por eso, como mucho, es fallida pero nunca mala.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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