Festival de Sevilla: LE FILS DE JOSEPH

 

Advertía Eugéne Green en la presentación de Le fils de Joseph que su cine es algo muy particular para el espectador, que tuviesen paciencia en captar su propuesta y que una vez dentro seguro que disfrutarían mucho. No le faltaba razón al director neoyorquino de carrera francesa a la hora de disponer a una sala repleta a su inaudita forma de rodar.

le fils de Joseph

La historia de Le fils de Joseph podría ser el argumento de cualquiera de las comedias francesas que nos estrenan cada semana: un chico intenta buscar a su padre, ya que se su madre se niega a desvelar su identidad; en el proceso, encontrará divertidos impedimentos que le llevarán a entender la postura de su madre. La particularidad reside en la puesta en escena que plantea Green con unos actores de registro impasible, con la cámara centrada y un ritmo parsimonioso donde los incisivos diálogos son recitados con risueña antinaturalidad.

Le fils de Joseph se sirve de diversos pasajes bíblicos para estructurar un relato sobre la paternidad y la responsabilidad donde destaca un , como un editor literario de escasa moralidad y aun menos deseos de ejercer como padre. Green insiste en numerosas citas cultas extraídas de la historia del arte, la literatura y la música como vía de escape para sobrevivir en la rutinaria y mediocre existencia de nuestros días. Todo ello sin olvidar que, aunque a veces produzca desconcierto, estamos ante una comedia que alterna la sonrisa con alguna carcajada incómoda.

le fils de Joseph

Aun así, Le fils de Joseph puede llegar resultar algo plomiza a pesar de ser todo un golpe de estilo más allá de cánones clásicos (e incluso modernos). Una extravagancia que nos muestra un cine como pocas veces vemos, incluso en estos territorios del cine de autor donde muchas veces se confunde la insolencia con la condescendencia.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies