L’Alternativa: MAURO y LA MUERTE EN LA ALCARRIA

 

Tanto el Festival L’Alternativa como el Margenes Online, del que en breve comenzaremos a dar cuenta, se caracterizan por acercarnos toda una serie de producciones cinematográficas donde la línea que separa la ficción del no es del todo nítida. Esto provoca altas dosis de experimentación con la forma de desarrollar los discursos; unas formas que a veces no acaban de cuajar pero que siempre tendrán el aval del interés por ver por donde transitan los creadores del mañana. Mauro y La muerte en la Alcarria son dos claros ejemplos…

Mauro

mauro hernan rosselli

El mayor logro de la producción argentina Mauro consiste en situarnos frente a un personaje con unas formas realmente sorprendentes: la naturalidad con están presentadas las diferentes situaciones vividas por este buscavidas poseen una impresión claramente documental, aunque sepamos a ciencia cierta que todo es artificio. Este choque de falsa intimidad produce al inicio un agradable efecto hipnótico que poco a poco se va diluyendo hasta que aceptamos el engaño. Al igual que los trapicheos ideados por el protagonista, caemos en una trampa de disociación entre lo que vemos con los ojos y lo que nuestro cerebro nos dice qué es real. Aun así, Mauro habría tenido un mayor impacto si no se hubiese visto alargada hasta más allá de los 60 minutos.

La muerte en la Alcarria

muerte en la alcarria

Con una vocación claramente poética sin ningún anclaje narrativo, La muerte en la Alcarria presenta a los Hermanos Cubero interpretando canciones que van desde el country a la ranchera pasando por ramalazos copleros. En los intermedios los veremos transitar bellos paisajes con desoladores silencios, fotografiados con un espectacular blanco y negro de raíces expresionistas. Los diálogos entre las letras interpretadas por los Cubero y las historias de sus caminos hacen de La muerte en la Alcarria un bello experimento que, al igual que Mauro, peca de un exceso de metraje. De todos modos, una película sensorial que demuestra que la poesía y la abstracción tienen cabida en el cine, algo que conviene recordad de vez cuando.

filmin-alternativa

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies