La sombra de la ley, la brigadilla del sombrero

 

Es difícil no dejarse llevar por el entusiasmo cuando uno disfruta tanto de un film como esta La sombra de la Ley del director de El desconocido, un thriller apasionante que te ahogaba desde el minuto uno hasta el final sin hacer un uso torticero del cinturón de seguridad del coche. Galicia ahora se convierte en Barcelona y el tiempo actual ahora es los años veinte españoles, una década convulsa en nuestro país en el que cada día ocurría algo diferente y apasionante en las calles de esa moderna ciudad, foco de violencia y de negocios turbios que merecen la pena ser investigados.

La sombra de la ley

Luis Tosar que vuelve a estar al servicio de Dani de la Torre, interpreta a un extraño policía sin pasado declarado que ha llegado a la ciudad de la inacabada Sagrada Familia de Gaudí para intentar desentrañar un extraño misterio que tiene en el robo de armas de un tren uno de sus enigmas ¡pero no el único! Allí se va a encontrar no solo con la peor calaña de los bajos fondos sino también con la de los altos que manejan los hilos de la ciudad a su antojo. Junto a él encontramos a una activista feminista tentada por el anarquismo que sabe bien lo que quiere pero que se hace acompañar e influenciar de jefecillos del tres al cuarto que buscan un enfrentamiento con el ejército y la policía, desatando el caos allá por donde pasan.

Claramente La sombra de la ley se mueve por unos derroteros muy marcados donde la oscuridad y la maldad campan a sus anchas, representadas por las figuras del grupo de policías que adoptan a este madrileño callado y violento al que intentan enseñar como se las gastan por esos lares, una especie de maestros que usan varios training days a lo bestia, como método de aprendizaje en búsqueda de la supervivencia en esa jungla de asfalto. Aníbal Uriarte enseguida conecta con sus compañeros convirtiéndose de la noche a la mañana en uno más de esta banda con sombrero, traje y gabardina que resuelven los problemas a base de violencia y amenazas verbales.

La sombra de la ley

Entiendo que el director ha hecho un estudio detallado y preciso del ambiente caldeado y crispado que reinaba en el lugar. La ambientación de La sombra de la ley es tan creíble y la experiencia tan inmersiva que por momentos te crees dentro de esta gran urbe en la que suceden cosas, normalmente malas. Eres de repente un trabajador en huelga que te lías a porrazos con todo Cristo viviente, en otra ocasión un distinguido caballero que frecuenta un local de moda con espectáculos de baile subidos de tono, un gangster que armado con una metralleta o un cordón metálico asesina a diestro y siniestro víctimas con firma o un rico dueño de una fábrica que se enfrenta a los sindicalistas violentos que insultan a los esquiroles de turno. La cámara es la que consigue que veamos por los ojos de estos personajes cada uno de los sucesos que ocurren, se mueve rápida en momentos de acción puta y dura y se detiene en los detalles cuando necesitamos deleitarnos con los paisajes que el director pone enfrente, preciosos acantilados donde las conversaciones adquieren mayor belleza o prados verdes que pronto se teñirán con la sangre de culpables e inocentes.

Caminando a la perdición, este policía a lo Eliott Ness irá hilvanando un plan que ha sido trazado tiempo atrás por él y jefes de altas esferas que improvisan sus movimientos sin tener en cuenta a quien se lleven por delante o a quien hagan daño. El no es así, detrás de esa pose de tipo duro y acciones violentas se esconde un hombre sensato que aun cree en la honradez y la fidelidad a unos ideales, sean cuales quiera y que no dudará un segundo en servir y proteger al ciudadano sobre todas las cosas.

La sombra de la ley

Mi idea sobre un film de gangsters en la España de la Ley Seca de derechos y libertades no creo que difiera mucho de lo que se muestra en La sombra de la ley. Tiene que habitar y salir a la calle empedrada a golpes o cachiporrazos, tiene que entrar en locura llenando de plomo más de un cuerpo por venganza o simples negocios y ante todo debe dejarse llevar por el impulso de un recreo visual y un regodeo en el rojo sangre que no solo se admira en telas, vestidos o botellas de vino caras. Debes salir con la burbujeante sensación de que todo lo vivido lleva a un desenlace final apoteósico que firmaría el mismísimo Quentin Tarantino, sin largas y tensas conversaciones pero con un clímax que deje a cada personaje en su lugar y a Dios en el de todos.

Mucho de los mismo pero a lo español y eso es diferente, eso no se ha visto. La sombra de la ley es buen cine patrio con pinta de cara producción, hecho a la americana que bien merece más de un Goya en la próxima edición y que puede optar al Oscar porque es el tipo de historias que en Estados Unidos molan y no pasan de moda.

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