La reconstrucción, tiempo de redención y esperanza

 

Prácticamente 10 años después del descomunal éxito que supuso la Nos sos vos, soy yo y que propició la creación del tándem artístico formado por el director y guionista y el actor , la pareja vuelve a unir fuerzas en La reconstrucción, brutal giro hacia el más áspero. Peretti interpreta a Eduardo, un solitario trabajador de una planta petrolífera que se reencuentra con un viejo amigo con el que pasará unos días en la desoladora Ushuaia, también conocida como Ciudad del fin del mundo.

La reconstrucción narra con austera precisión este reencuentro que supondrá la reconstrucción del alma herida de Eduardo, haciendo referencia al título. Poco a poco, de forma calmada, iremos descubriendo los secretos del personaje interpretado con calma por Peretti y por qué se encuentra roto. Así, Taratulo consigue imprimir un ritmo pausado a la película acorde con el carácter introvertido y templado de Eduardo, fusionando personaje y película en un todo. A ello ayuda la interpretación de Peretti, alejada de tremendismo y llena de sensibilidad y mesura en los gestos.

La reconstrucción

De todos modos, a pesar del empeño por no realizar una película dramáticamente fácil, el guión de Peretti y Taratulo adolece de cierta falta de argumentos que hacen que La reconstrucción se recree demasiado en el lento paso del tiempo, resultando a veces algo morosa. No es esto en sí una clave que desgracie la evidente calidad de La reconstrucción, pero sí puede conseguir que el espectador perezoso vea sus nervios desesperarse. Los silencios y los monosílabos llenan la acción a la que hay que prestarse con la generosidad de saber estar viendo un drama que también es un canto a la propia redención a través de la paciencia y la esperanza.

La primera incursión en el terreno del drama del duo Peretti-Taratulo se salda así con una muy interesante película que pide tiempo al espectador, que es el tiempo del paisaje de la ciudad de Tierra de Fuego y el tiempo de Eduardo, un hombre que debe viajar al fin del mundo para encontrarse a sí mismo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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