La reconquista, el tiempo

 

Creo que es justo y necesario reconocer la importancia de la existencia de un cineasta como dentro del mayoritariamente adocenado mundo del . En un panorama donde le llueven los aplausos a realizadores que van de artistas cuando no son más que integrados del sistema es de agradecer la personalidad de un creador que va a contracorriente con decisión y coherencia. La reconquista es un triunfo más dentro de una carrera que con cuatro títulos dibuja una de las trayectorias más lúcidas del reciente cine español.

La reconquista

En La reconquista Jonás Trueba vuelve, como hacen la mayoría de los grandes creadores, a tocar temas que ya son constante en su cine: una mirada al pasado exenta de nostalgia más pendiente de la incertidumbre del futuro, la dificultad de ser sincero con uno mismo y los demás y, en el fondo, la dificultad de eso que llamamos relaciones amorosas. La reconquista nos muestra en tres tiempos (presente, futuro y pasado) al personaje de Olmo y la huella que un amor a los quince años dejó en él. Una noche madrileña, un incómodo desayuno y una evocadora entre parques y habitaciones son los tres espacio-tiempos que Trueba presenta para lo que no es más que la historia de una carta de amor.

Entre diálogos encantadoramente pedantes, tiempos muertos, miradas furtivas y canciones de amor, y Itsaso Arana dan vida a dos almas incompletas con unas interpretaciones llenas de interrogantes. La química entre ambos es tal que la aparición de no hace sino aportar un matiz más de desgarro a la ya de por sí sensible presencia de Carril. Así, Trueba mantiene siempre una distancia amorosa hacia los personajes logrando una extraña sensación de intimidad y pudor hacia ellos.

La reconquista

De todos modos, cuanto menos se sepa de La reconquista mejor. Aun así, diremos que Trueba da un salto más tras la excelente Los exiliados románticos y se pone en cabeza de una generación de directores fuera del sistema que con toda seguridad será ignorado por sus propios compañeros en una futura tanda de premios. El tiempo nos dará la razón.

 

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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