Un italiano en Noruega, la dura vida de un funcionario

 

¡Todo un fenómeno nacional! Así se puede catalogar  ,que ha batido todos los records habidos y por haber en Italia, convirtiéndose en la más taquillera de la historia, como hace poco ocurrió en nuestro país con . Las dos comparten modelos similares, un cómico conocido como protagonista, aquí Dani Rovira y allí Checco Zalone, un viaje a un lugar con sus propias peculiaridades, el País Vasco o Noruega y un amor complicado con un muchacha de allí y también con sus costumbres.

UN ITALIANO EN NORUEGA

Esta vez no es Jim Carrey, como detective de mascotas, viajando a África sino un funcionario que es capaz de hacer casi cualquier cosa con tal de no perder un trabajo fijo. Se moverá por medio mundo convirtiéndose en un hombre sin hogar abandonando a sus padres y sacando de quicio a una superiora del Ministerio a la que no le cae muy bien. La idea es que renuncie al puesto y cobre una indemnización pero muchas veces los planes no salen tal y como se planean.

Tampoco es Santiago Segura encarnando al incapaz ex policía pero se le parece. Es egoísta, inmaduro, vago como el que más, racista y muy machista ¡vamos , lo tiene todo el chaval! Una joyita que solo tiene ojitos para su mamma pero que va a tener que cambiar a lo bestia si quiere conquistar a la mujer amada y a toda la prole que le acompaña, hijos y ex parejas incluidos.

El director opta por un humor costumbrista, riéndose de los tópicos de un lugar en concreto con gags verbales que superan en número a los visuales que también los hay pero en menor cantidad, a veces tocando la venita escatológica Farrelly. Las frases divertidas e ingeniosas se sucederán entonces a un ritmo vertiginoso entre Zalone y los demás aderezadas por los típicos espavientos y gestos italianos a los que ya nos hemos acostumbrado a ver. No sorprenden pero siguen teniendo su encanto ¡Atención, recomiendo encarecidamente que veáis Un italiano en Noruega en versión original subtitulada porque el efecto se potencia!

Resulta divertido ver el contraste entre dos mundos tan opuestos como el latino, de sangre caliente, en el que nos encontramos nosotros y el nórdico, más frío y moderno en donde nadie aparca en doble fila, nadie se insulta en las colas de un supermercado y nadie discute cuando se conduce el coche. Otra manera de vivir muy diferente pero válida como la que más. Checco tendrá que acostumbrarse a la fuerza, aprender idiomas, vestirse a lo vikingo noruego y madurar para conseguir su objetivo, aunque a sus padres les disguste.

UN ITALIANO EN NORUEGA

De eso va Un italiano en Noruega. El cambio no tiene porque ser malo, lo diferente al principio siempre causa rechazo, pues llevamos nuestra cultura y tradiciones en la sangre, pero luego nos damos cuenta que solo hay que poner un poco de nuestra parte para ser felices en cualquier sitio. Todas las aventuras que pasa el protagonista con osos polares, tribus salvajes son meras anécdotas de este mensaje principal al que se le ha puesto un lazo rizado. La mayor prueba de amor que puede existir es sacrificar lo que más quieres, en este caso tu trabajo por la mujer que amas. Seguirla hasta el fin del mundo y compartir un futuro allá donde se ambos estén, sea el lugar que sea.

La música, compuesta en su gran mayoría por el propio Checco Zalone, destaca como lo que más porque es muy italiana y le va de perlas a esta comedia tan loca y divertida con un guiño a Albano y Romina que te hace viajar al pasado, provocándote una felicitá completa. Vamos todos a reírnos de la mafia, la pasta italiana, la corrupción política, las cerradas mentalidades y anticuadas moralidades, etc… En estos tiempos que corren casi es lo mejor. En ningún momento hay que tomarse en serio nada de lo que se diga aquí para evitar cabreos innecesarios. No hay nadie tan radical como nuestro Checco y si lo hay puede cambiar tal y como él lo ha hecho.

Con Un italiano en Noruega se nos ha propuesto que pasemos un rato divertido y que si podemos durante un rato no nos acordemos de todos aquellos problemas del día a día que nos afligen, así que yo que vosotros no lo dudaría, llevaos en el recuerdo a un funcionario público como este a casa que sabe reír, llorar y perdonar pero sobretodo que ha entendido que valen más mil palabras de otros que una imagen suya.

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