El otro guardaespaldas, dos hombres y el mismo destino

 

La música que suena en el trailer, la imagen del poster y el título pueden llevar a confusión. La película de Patrick Hughes, la valiente y atrevida El otro guardaespaldas, es una comedia de pero no una del título de los noventa. Aquí no hay una cantante de moda interpretando éxitos de radio o un maduro mocetón que se enamora de ella ¡las dos únicas love story que vamos a ver tienen muy poco de tiernas y menos de ñoñería rosa! Al igual que pasaba con otros títulos explosivos del pasado, vease El invitado, también con o El negociador, de Eddie Murphy, dos hombres duros con muchas horas de vuelo en eso de hacer saltar por los aires cualquier cosa inflamable van a enfrentarse a más de un malo de turno o grupo de mercenarios a los que les deben pagar poco porque su pericia en eso de la lucha cuerpo a cuerpo o a distancia es de cero patatero. En ocasiones me da la impresión que el mismo vuelve a repetir en distintas escenas pese a que ya fue incinerado.

El otro guardaespaldas
El gran Deadpool se ha quitado el traje rojo, Samuel L. Jackson que está en todos los fregaos le acompaña en esta road movie con destino Amsterdam, capital de las drogas blandas visitada por un tirano asesino al que van a juzgar por sus atroces crímenes de guerra. Cada uno defiende un tipo de violencia distinta, el trajeado está más por la labor de la prevención y el cuidadoso estudio de todo tipo de salvaguarda de la vida humana usando solo su fuerza bruta en casos muy concretos, el otro aboga por acabar con cada uno de sus enemigos utilizando técnicas callejeras y una manera de lucha con poco buen gusto pero que da resultados muy efectivos. Las féminas aquí no son compañeras sumisas y tienen poco de mujer florero pegando más fuerte que sus parejas y demostrando que de sexo débil tienen muy poquito. reparte mamporros a diestro y siniestro, a veces en bares de mala muerte y la agente de la Interpol, Elodie Yung, se ha quitado el traje de diosa de Egipto y vive una segunda oportunidad en el amor con un guardaespaldas que le culpa por algo que no hizo.

Pocas veces pueden verse juntas tantas persecuciones, en coche, moto o lancha, tantas escenas con tiroteos y explosiones y frases que repiten el mismo insulto. Todo en El otro guardaespaldas está multiplicado y cuando uno espera que la cosa se relaje volvemos a estar dentro de otro plan maestro que acaba en fracaso superando en el resultado final los muertos a los vivos. Es lógico que tanta adrenalina sature ¡Crank y Jason Statham quedarían en calzoncillos si se enfrentaran a estos dos personajes que parecen tener más vidas que un gato y que con pocos euros se pasean por Europa pasando de un piso franco a otro matando a todo bicho viviente y contándose cuarenta como en el parchís.

Aun así, me parece mala idea estrenar un film como El otro guardaespaldas en esta fecha después de lo que ha pasado en Barcelona la semana pasada. Coches locos atravesando calles inundadas de gente y explosiones que con seguridad asesinan también a inocentes no creo que hagan mucha gracia a gente sensible que aun tiene pesadillas con los atentados en Las Ramblas. Nadie tiene la culpa, las fechas son las que son y nadie podía preveer una acción tan horrible y espantosa como esta pero si que es verdad que en más de una ocasión en vez de sonreir en medio de una aparatosa huida con civiles incluidos he recordado sin querer a las víctimas que se dejaron la vida en el paseo catalán.

El otro guardaespaldas

Dejando a un lado ciertas sensibilidades y reacciones tristes el caso es que El otro guardaespaldas cumple y no parece tan mala como vaticinan los adelantos en forma de anuncios, promete desde el principio acción a raudales y no deja el barco a la deriva sino más bien lo contrario echando más madera al asunto y aprovechándose de los clichés propios del género con malos que intentan escaparse en helicóptero, topos que no viven en agujeros, brazos derechos más duros que una roca que merecen más de un disparo o puñetazo y golpe con cualquier objeto que caiga en manos del héroe de turno, sea asesino a sueldo o protector contratado. Sorprenden eso sí los sustos que salpican sangre o que hacen salir atropelladamente a alguien de un auto. Tomados a risa funcionan, no hace falta más, para qué menos.

En definitiva que uno puede pasar un buen rato con El otro guardaespaldas, sin tiempo para descansar, ajeno a los diálogos que tampoco es que aporten mucho a la historia, dejando pasar todavía unos pocos días antes de verla para que nada pueda incordiarnos.
Después todo hace indicar que los amantes del género saldrán de la sala con la sensación de que no han tirado el dinero de la entrada, les dieron lo que buscaban y encontraron lo que se intuía a los diez minutos de comenzar la sesión, justo antes de la larga sucesión de “motherfuckers”.

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