Gorrión rojo, irregular pero interesante thriller de espías con la sordidez como baza

 

Jennifer Lawrence es una de las actrices más cotizadas de Hollywood, algo que le está permitiendo hacer lo que le apetece. Ya lo demostró en madre!, una película que creo que muy pocas en su situación hubiesen aceptado hacer, y ahora le toca hacerlo a otro nivel con Gorrión rojo (Red Sparrow), un thriller de espionaje con un estilo más propio de otra época.

Gorrión rojo

Lawrence se reencuentra en Gorrión rojo con el director Francis Lawrence, responsable de las tres últimas entregas de la saga Los juegos del hambre, quien ya había demostrado su capacidad para manejar con acierto un blockbuster en la primera hora de ‘Soy leyenda –posteriormente se resentía de forma notable-. Aquí demuestra un gran control de la cámara, pero la película resulta un tanto irregular tras su estimulante arranque.

Gorrión rojo arranca con un inusual montaje paralelo que une los caminos de los personajes interpretados por Lawrence y Joel Edgerton. La primera ve cómo sus sueños se rompen mientras que el segundo comete una imprudencia que pone en riesgo su trabajo en Rusia. En ningún momento se define ahí que sus destinos vayan a cruzarse, pero sí que sirve para que esa idea surja en la mente de un espectador que ya sabe que el espionaje va a ser el tema central del relato.

Sin embargo, Gorrión rojo no comete el error de dar el salto demasiado pronto, pues se lo toma con calma para que la progresiva evolución del personaje de Lawrence resulte más creíble. Tanto la venganza de la que pronto se arrepiente como la misión que le encomienda su tío y que va a marcar de forma inevitable su destino. La actriz logra aprovecharse del tono progresivamente más sórdido que Lawrence va imprimiendo al relato y el espectador goza en su butaca con ello.

Gorrión rojo

El punto álgido de todo eso lo tenemos en el adiestramiento de Lawrence para convertirse en un tipo de espía muy concreta para el gobierno ruso. Y es que en Gorrión rojo incluso hay una línea de diálogo para que nos olvidemos de que ese país ya no es el enemigo y que lo del final de la guerra fría fue un poco cuento chino. No sé hasta qué punto era eso necesario, ya que realmente la función sigue durante gran parte de su metraje un estilo más propio de ciertos thrillers de los años 70.

Ahí es cuando la sordidez de la película alcanza su punto máximo, en parte por la aportación de la breve pero esencial presencia de Charlotte Rampling, por cómo se desarrolla la historia y por el propio tratamiento visual de la misma por parte de Francis Lawrence. Además, la joven estrella se entrega en cuerpo y alma –el personaje solamente lo hace en lo primero- sin renunciar nunca a lo que hace de su Dominika alguien único y que realmente no encaja con los cánones.

Gorrión rojo es una película que te atrapa durante esos minutos, pero la cosa cambia cuando se vuelve un thriller más convencional con las esperadas traiciones y giros de guion en esa dirección. No es que entonces resulte cansina, pero sí que le falta definir mejor su propia voz. El director y la protagonista lo compensan como pueden –el primero con un gran manejo de los planos de duración prolongada y ella sabiendo cómo jugar al despiste sobre sus verdaderas intenciones-, pero se queda todo un poco a mitad de camino.

Gorrión rojo

Es curiosamente cuando la trama de espionaje que esperamos pasa a primer plano cuando Gorrión rojo pierde brillo. Esa sugerente sordidez de antes se queda prácticamente en el olvido y todo se convierte en una tela de araña sin suficientes argumentos para mantenernos engatusados durante su algo excesivo metraje. Probablemente le sobra solemnidad o simplemente el talento suficiente en el guion para que eso no acabe jugando parcialmente en su contra.

En resumidas cuentas, Gorrión rojo arranca bastante bien y tanto Jennifer Lawrence como Francis Lawrence cumplen con nota, pero luego se alarga más de la cuenta sin terminar de saber cómo mantenernos igual de enganchados cuando su protagonista es una espía que cuando se estaba formando para ella. Pese a todo, recomendable.

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