Filmadrid Sección Oficial: Belluscone, una historia siciliana

 

Comenzar las proyecciones de la Sección Oficial de , tras la inauguración con Cavalo dinheiro de Pedro Costa, con un tan particular como Belluscone, una historia siciliana se puede considerar toda una declaración de intenciones: la historia del director de documentales que pretende hacer una película sobre un representante de cantantes neomelódicos sicilianos es tan surrealista que es inevitable rascarse la cabeza pensando si lo que vemos es real o no. Así, este juego entre la rocambolesca realidad y la construcción ficcionada nos hace ver que incluso la más dramática de las verdades como la que cuenta este documental puede ser divertida.

Esta verdad es la evidente conexión entre la innombrable mafia, el infame Silvio Berlusconi y todo el pueblo que siente una inquebrantable pasión por el empresario y político milanés. El documental de Franco Maresco tiene como centro a Ciccio Mira, un siniestro personaje que se dedica a organizar festivales de música neomelódica con unos cantantes y compositores entregados al culto berlusconiano. Como no podía ser menos con esta cantera de personajes, la risa surge por el patetismo de las situaciones así como la forma que tienen de echar balones fuera ante las comprometidas preguntas de Maresco. En Belluscone, una historia siciliana prima más la gestualidad e incomodidad de los entrevistados ante ciertas cuestiones, sobre todo las referidas a la mafia, que sus muchas veces incoherentes respuestas habladas.

Belluscone, una historia siciliana

Además, Belluscone, una historia siciliana presenta una sociedad ciertamente compleja que nos hace entender que no todo es tan blanco y negro desde nuestra inclemente posición: esa veneración de la gente de la calle hacia la mafia y el corrupto Berlusconi nos deja los ojos como platos sin saber realmente como procesarlo, volviendo a remarcar ese trasvase entre realidad y ficción donde no queremos creer que lo que estamos viendo existe y preferiríamos que fuese una delirante comedia inventada por Franco Maresco.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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