Filmadrid Foco Lav Diaz: From what is before / Century of Birthing

 

Nunca me parece haber oído a nadie quejarse de que, por poner un ejemplo, la Capilla Sixtina de Miguel Angel es demasiado grande. Por irnos a un caso más cercano, no creo que sea demasiado habitual oír lamentos frente al Guernica de Picasso comentando que su gran tamaño nos hace realmente difícil aprehenderlo de un vistazo. O por irnos a otra expresión artística, nadie comentaría las dimensiones del Coliseo de Roma si no es para hacerlo en positivo. En cambio, en el cine, es más que habitual expresar quejas sobre las duraciones de las películas. En un mundo en el que aparentemente apreciamos mucho cada minuto, aunque después acabemos perdiéndolo en banalidades, entrar a ver una película de que supera las cinco horas se ve como un gesto entre temerario y ridículo.

En Filmadrid han tenido el gusto de presentarnos cuatro obras de este director filipino que para algunos es uno de los más insignes creadores del panorama cinematográfico actual y para muchos un total desconocido. El cine de Diaz se caracteriza por un uso de tomas extremadamente largas que conlleva que muchas de sus películas, al menos las más celebradas, superen las cuatro horas de duración. De hecho, dos de las que hemos tenido la oportunidad de ver Mula sa kung ano ang noon (From what is before, 2014) y Siglo ng pagluluwal (Century of Birthing, 2011) tienen una duración de cinco horas y media y seis horas, respectivamente. Aun así, y a pesar de haberme extendido demasiado en la introducción de este llamado slow cinema, no deja de ser un aspecto anecdótico por el que se pasa rápido una vez inmersos en el universo de Lav Diaz.

From What is before Lav Diaz

From what is before, triunfadora en la última edición del más que exigente Festival de Locarno, nos sumerge en la vida de un barrio que tiene que vivir con la dictadura de Ferdinand Marcos y su Ley Marcial durante los años 70. De todos modos, este aspecto político está tratado por Diaz como un fondo que siempre está presente pero que pocas veces es explicitado con claridad hasta su tramo final. El interés reside en conocer en profundidad a los principales habitantes de este barrio que a su vez nos remiten a temas tan universales como la religión, la memoria y, sobre todo, la culpa. La cantidad de reflexiones sobre la historia y como la recordamos cubren a From what is before de una complejidad que mezcla los hechos reales con una fantasmagórica narración realmente difícil de aprehender. Además, para acabar de completar el efecto hipnótico propio del cine de Diaz la bellísima fotografía en blanco y negro nos atrapa de forma inmersiva propiciando un extraño éxtasis imposible de definir.

Lav Diaz

Por su parte, Century of Birthing observa a un director de cine mientras acaba de montar una película aun sin título. Lo que hace Diaz aquí es hablar de sí mismo, de su concepción del arte y, ante todo, del cine. En cierto modo, la película puede ser vista como un ensayo cinematográfico donde Lav Diaz reflexiona sobre su propia pretenciosidad a la vez que cita a Heidegger. En paralelo al proceso de creación que el director Hector lleva a cabo, vamos viendo la película en sí: este work in progress nos lleva a una de las más fascinantes obras sobre el oficio del director de cine y del artista en general, donde se dinamitan muchos tópicos propios del creador. Diaz incide en el concepto de la creación como una búsqueda constante, en sintonía con lo que él propone con su cine: una investigación sobre nosotros mismos a través de mecanismos que nos llevan al límite. Formalmente más deslavazada e imperfecta que From what is before pero manteniendo el característico blanco y negro, Century of Birthing cautiva por su continuo ir y venir entre realidad y ficción, cine y vida que se confunden en un todo sublime.

Al final, el tiempo es solo eso tiempo. Lo único que hace falta para disfrutar del cine de Lav Diaz es una buena disposición y un asiento cómodo. Está al alcance de todos.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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