Festival de Sevilla, Sección Oficial: MISTER UNIVERSO, la necesidad de la inocencia

 

Dentro de una edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla en el que hemos visto un buen puñado de películas que destacaban por su sentido del humor (Ma Loute, Rester vertical, Amor y amistad, Le fils de Joseph…), nada mejor que acabar con el buen sabor de boca de Mister Universo de Tizza Covi y Rainer Frimmel.

Mister Universo

Covi y Frimmel nos introducen en el mundo circense de Tairo, un joven domador de leones y tigres que pierde la suerte al extraviar un hierro que quince años atrás le regaló el Mister Universo Arthur Robin. La cámara, con una marcada puesta en escena de origen , seguirá las peripecias del inocente Tairo y su búsqueda del culturista que en su momento le dio la fuerza que necesitaba.

Sin duda lo mejor de Mister Universo es la capacidad de los directores para que empaticemos con unos personajes realmente carismáticos dentro de su sencillez y humildad. El mismo protagonista no deja de ser un dechado de inocencia, con un punto tunante muy divertido, que solo aspira a ser feliz junto a su novia y complacer a todos los que le rodean. Con la disposición del relato como si fuese un documental de observación (aunque los personajes son reales y se interpreta a sí mismos, los hecho están ficcionados) Covi y Frimmel logran anular cualquier rastro de irrealidad logrando una obra viva, íntima y cálida.

Mister Universo es un canto un tanto naïf pero necesario a la búsqueda de los sueños y a la esperanza de un mundo en el que los seres humanos se comporten con bondad y buena fe. Una obra que, dentro del cinismo imperante y el gusto por el regodeo en la miseria observado en otras películas del festival, supone un soplo de aire fresco y una estupenda forma de cerrar la sección oficial de Festival de Cine Europeo de Sevilla . Y además sales cantando.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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