Festival de Sevilla, Sección Oficial: MALGRÉ LA NUIT, deseo y vida

 

El director francés Philippe Grandrieux llegó con Malgré la nuit al Festival de Sevilla para polarizar al máximo una sección oficial que dentro de lo notable que está siendo está despertando un excesivo y sospechoso consenso. Con Malgré la nuit, Grandrieux vuelve al festival tras presentar el año pasado Meurtrière e incide en un cine en apariencia críptico y para el que no todos los paladares se encuentran preparados.

Malgré la nuit

Malgré la nuit presenta a Lenz en su búsqueda de la desaparecida Madeleine. En el proceso conocerá a Helèna, una mujer con tendencias masoquistas sumida en el mundo del porno, y Lena, una cantante encaprichada del chico. Estas tres mujeres representan diferentes formas de feminidad entre las que Lenz tendrá que decantarse: Helèna es la mujer libre que se ve forzada a pagar por ello; Lena, la mujer entregada; y Madeleine, la mujer ausente e idealizada.

Para narrar esta historia Grandrieux desarrolla un artefacto que oscila entre el sueño y la vigilia con un marcado carácter tenebroso y austero. El sufrimiento de los personajes es expuesto con una violencia descarnada que ataca al espectador a la vez que lo hipnotiza. El diseño de imagen y sonido, música y ruidos, sumerge a los espectadores, y a los personajes, en una zona realmente oscura e incómoda de nuestras retinas y tímpanos. Todo ello para exponer la continua lucha entre la urgencia de los deseos de Lenz, Helèna, Lena y Madeleine, muchos de ellos de extrema sordidez, y los anhelos de una vida luminosa y sosegada.

Grandrieux se mueve entre pasajes de luz y oscuridad, de ruido y armonía, para entregarnos una agotadora experiencia (sus 150 minutos así lo atestiguan) que, como hemos comentado antes, no es soportable para espectadores con la piel demasiado fina. O quizás haya que tener la sensibilidad a flor de piel para “disfrutar” Malgré la nuit.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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