Festival de Madrid: COPA COPAN, el gran estadio de fútbol

 

¡Ya ha comenzado una nueva edición del Festival de Cine de Madrid! Esta plataforma para nuevos realizadores presentó en su apertura el documental Copa Copan del año 2016 en su premiere mundial. Imponente y majestuosa se alza en el centro de Sao Paulo una masa de hormigón armado que todos conocen como el Edificio Copan. Esta construcción del arquitecto Oscar Niemeyer, es el hogar de numerosos brasileños y otros que no lo son, un pequeño mundo sin salir de casa. Muchos habitantes de la periferia no lo han visitado y otros en la propia ciudad lo esquivan por su mala historia y reputación ¡Antes todos querían marcharse pero ahora nadie que lo conoce desea irse! Sepamos el porqué.

Copa Copan

 

Otavio Sendoya y Patricia de Luna, los dos directores de Copa Copan, han visitado sus más de mil apartamentos entrevistando a sus dueños individualmente o en pareja aprovechando la celebración del Mundial de Futbol celebrado en el país en el 2014. Engalanado para la ocasión, este rascacielos de treinta y siete pisos y seis bloques que además dispone de un centro comercial con setenta y dos tiendas, se parece demasiado a un gran estadio de futbol. Su entrenador es el señor Alfonso que administra los minutos de los jugadores y que se ha ganado el respeto de todos ellos. A su lado se ha rodeado de un potente equipo técnico que agrupa a masajistas, peluqueros y preparadores físicos que coreografían los movimientos de los seleccionados como una danza sincronizada a ritmo de tango. En el equipo titular se ha elegido a unos porteros competentes y con gran experiencia que revisan a través de las cámaras todo lo que sucede en el campo, una dura defensa que marca los espacios con coches teledirigidos que no dejan un centímetro sin vigilancia, centrocampistas que han ocupado las plantas intermedias y delanteros que en la parte alta mantienen la calma cuando se disponen pisar el área rival ayudados por una meditación muy trascendental. Las aficiones ya están animando, en los alrededores o en el interior, ocupando sus asientos y charlando con sus vecinos de entrada. La torcida brasileña, muy ruidosa y bailonga, la vecina Argentina o la extranjera como la alemana mucho más fría y silenciosa que solo asiente a veces. No pueden faltar las animadoras, algunas con una triste historia detrás, el speaker de los años años ochenta que ahora es un DJ que produce su propia música o el pillo de barrio que se ha colado en la fiesta que antes no era así pero que Brasil lo ha convertido. Los fotógrafos se preparan para la sacar la mejor imagen, algunos se disfrazan con dentadura postiza y sacan sonrisas al personal que no se sorprende ya de nada ¿Dónde están los vendedores de perritos calientes y chucherias varias? Aquí trabajan en restaurantes y visten con uniforme. Lo mismo pero bastante diferente. La ola ya no la forma solo la geometría sinuosa del Copan, pasa por todo el graderío y fallece al tocar la linea de banda.

Comienza el espectáculo, el balón ya está rodando por el césped. La diversión con banderas, vuvuzelas y cánticos de apoyo a favor del mismo equipo dura setenta minutos con un mundo que allí se ha paralizado. Todos viven para la pelota que pasa de un lado a otro como una cámara inquieta que no vacila y unos espectadores que no pestañeamos por si acaso nos perdemos algún gol o a lo mejor siete. Copa Copan seguirá escribiendo su historia, nacida en los años cincuenta y sesenta, esta es una más de ellas pero no la última. Se cierran las puertas, se guarda el silencio tras las sirenas de la policía, hasta la próxima ocasión, una próxima oportunidad vivida.

 

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