Festival de Sevilla 2018: “Donbass” de Sergei Loznitsa

 

En 2014, facciones prorrusas se enfrentaron a independentistas ucranianos en la llamada Guerra de Donbass. Sergei Loznitsa, en su faceta de director de “ficciones” (en este festival se podrán ver otros dos documentales suyos: The Trial y Victory Day), toma como referencia distintos vídeos caseros para ofrecer diferentes postales donde se alterna la crudeza y la sátira.

donbass loznitsa

Loznitsa no pone ningún empeño en contextualizar u ofrecer una lección de historia sobre el conflicto ucraniano. Cualquier espectador poco informado (que somos muchos sobre un asunto ciertamente complejo) sentirá un vértigo a todas luces comprensible: el director no proporciona asideros y nos lanza en medio de una vorágine de personajes de los cuales poco sabemos y de los que cuesta entender motivaciones o razones.

La brutalidad se alterna con el absurdo; la cotidianidad de una boda entre independentistas viene precedida del retrato de unos corruptos que sacan tajada de la caótica situación; así, hasta llegar al mismo punto de partida con el que comienza Donbass: un grupo de mujeres es maquillada en un trailer para posar a continuación ante unas cámaras en lo que es una clara puesta en escena de un atentado con un coche bomba.

Quizás el punto débil de Donbass sea ese desamparo como espectador que uno siente al no saber de qué lado ponerse ni saber poner en perspectiva las situaciones (en uno de los momentos de la película a un personaje se le cuestiona de qué lado está: “con los buenos”, será su respuesta como muestra de que ni siquiera muchos de los implicados sabían de qué lado ponerse). Pero en definitiva es el desamparo vital que sienten los personajes de Loznitsa, envueltos en un caos en tiempo real donde las banderas se confunden y no hay más razón que la sinrazón de la violencia y la mentira.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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