Festival de Sevilla: Antboy, el pequeño gran superhéroe

 

A veces los adultos nos empeñamos en valorar el cine en base a que nos diga algo como seres que están por encima de todo. Nos gusta que estas películas tengan sus guiños y sus referencias que solo nosotros comprendemos mientras que los niños que acompañamos no se enteran de que nos reímos. Incluso en ciertos momentos utilizamos lo de infantil como algo despectivo y que nosotros, señores adultos, no pensamos tolerar. Para poner orden en estas sensaciones llegó ayer a nuestras pantallas Antboy producción danesa que ha participado en la sección Europa Junior del Festival de Cine Europeo de Sevilla.

Antboy tiene clara desde el primer momento su condición de producto infantil. Protagonizada por Pelle, un niño de 12 años que consigue obtener los poderes de una hormiga al más puro estilo Spiderman, nunca pierde de vista que es para niños de edad similar a su protagonista para los que va dirigida la película. Este hecho no le impide introducir aquí y allá algún que otro chiste adulto pero sin pasarse demasiado. Sus protagonistas son niños y se comportan como niños y, digámoslo ya, no hay nada malo en eso.

Antboy

Nosotros, como adultos, podríamos achacarle a Antboy su falta de originalidad argumental, así como lo irreal de un mundo en el que los adultos participan bien poco (pero en este sentido muchas películas infantiles y adolescentes pecan de este mismo defecto, que para mi no lo es). Pero lo que sí queda claro es que es una película que los más jóvenes de la casa disfrutarán como enanos y tú, adulto medianamente aburrido, podrás sumarte a la fiesta si dejas de pensar en el trabajo y te retrotraes a lo que hubieses sentido si hubieses visto esta película con 12 años. Y bueno, dura 75 minutos, tampoco es para tanto el tiempo invertido siempre hagas feliz a tu hijo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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