Festival de Sevilla: Amour fou, vivir así es morir de amor

 

¿Cómo han redefinido (o mejor dicho definido) el ideal romántico las novelas, las películas, las canciones, internet o los poemas? Supongo que de forma brutal y decisiva, y más aún en 1811 cuando las palabras del poeta Heinrich Wilhelm von Kleist calan de manera extraordinaria y decisiva en una ingenua dama que pasa sus insustanciales días entre pequeños entretenimientos de la alta burguesía.

La muchacha en cuestión, Henriette, parece encontrar en las extravagantes ideas de la poesía la válvula de escape a su monotonía, y está dispuesta a abandonar la comodidad de su matrimonio y familia por la locura del amor y la muerte. Aunque como damisela frágil e insegura cambie de opinión como cambia de vestido. Exactamente igual que el poeta, que encuentra su sentido de la existencia en una amada que quiera dar la vida por él, aunque en cuanto le dan plantón no tarda en buscarse una segunda mejor opción: la joven Henriette. Así de volátiles e inestables son estos muchachos.

Amour fou

La directora Jessica Hausner, partiendo de su interés por el suicidio doble y la idea de morir por amor, se inspira en los hechos que marcaron la desaparición del dramaturgo y poeta alemán y construye una suerte de gélida, distante y desapasionada. Haciendo todo lo contrario que se supone que se debería hacer con un material como este, el resultado es una curiosa y simpática película que podría tener sentido como una nueva vuelta de tuerca al género romantico de época. Lo que debiera ser un sentimiento desaforado y de desenfreno en ese ‘amour fou’ se convierte aquí en un tono de indiferencia y desapego (incluida una interpretación cómicamente impasible de sus actores) que dota a la película de uno de sus mayores logros: un estilo bizarro, de anticomedia y anti timing que hacen que el asunto tenga bastante gracia (aunque sin tirar cohetes).

Si a esto le unimos el buen uso del fuera de plano, del encuadre, el color, el sonido y por qué no, las canciones, nos encontramos ante una pequeña rareza tan entretenida como pegarse un tiro (allá en el siglo XIX).

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