La autoficción (incluir detalles de la propia biografía en un relato ficcionado) cruza de forma tangencialmente ya varias de las películas vistas en la 15ª edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla: obras como la inaugural Non Fiction de Olivier Assayas, que tomaba este concepto como eje central, o La casa de Jack, donde Matt Dillon interpreta al psicópata alter ego de Lars Von Trier, toman el yo del autor para ofrecer reflexiones sobre la responsabilidad del creador consigo mismo y con su público. En este sentido, La casa de verano de Valeria Bruni-Tedeschi quiere ser un ejercicio catártico protagonizado por la propia familia de la directora y actriz italiana.

La casa de verano

El problema viene cuando los conflictos familiares sólo parecen interesar a la propia autora, dejando a los espectadores confusos y con poco espacio para entrar en la fiesta. No se puede negar que el apartado actoral es notable y todos parecen habérselo pasado pipa en la piel de esta más que disfuncional familia de clase alta. Pero esa química no se traslada a la película merced a un guión que va rebotando de un personaje a otro pero que no llega a centrarse en un conflicto claro.

De todos modos, La casa de verano posee un punto interesante aparte del ya mencionado sobre los actores: un discurso de auto conciencia burguesa decadente que es de lo poco divertido. Veremos a los sirvientes relacionarse con sus patronos, así como diversas discusiones sobre la conciencia de clase que ridiculiza a esta familia pija (especial mención al papel de la hermana de Bruni-Tedeschi interpretada por Valeria Golino trasunto de Carla Bruni y su marido de tendencias más que conservadoras). En definitiva, La casa de verano hará las delicias de los amantes de las comedias burguesas más afrancesadas y dejará fuera al que no comulgue con este tipo de cintas.

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