. . .

Festival de San Sebastián 2017, Día 6: MADRE!, LA LLAMADA y HAPPY END

Muy pocas veces un pase de una película es algo más que un simple pase: hay momentos en los que una comunión especial hace que la experiencia sea única e inolvidable. Es lo que ha ocurrido en el Zinemaldi con el pase de prensa de La Llamada, repleto de fans dispuestos a aplaudir, corear, aullar y gozar con la película dando una absoluta lección a los críticos que, unas horas antes, se rieron de El secreto de Marrowbone demostrando su falta de educación. Pero La Llamada solo ha sido el punto y final de un día marcado por la división crítica de Aronofsky con Madre! y el desencanto de Haneke y su Happy End.

MADRE! (Perlas) ****

Aunque mi compañero Juanki os la contará mejor, hay que hablar de Madre!’ (Mother!), porque Aronofsky ha conseguido una película de límites: o encanta o se odia, sin puntos medios. Y es lógico: el ambiente enrarecido del principio y loquísimo del final, los personajes casi sin personalidad definida, las metáforas utilizadas (obvias como un martillazo en la cabeza)… Quien quiera ver una película lineal con Madre! va a pasar una de las peores experiencias de su vida.

Madre!

Madre! es como si de repente entrara en tu casa una banda de música seguida de un carnaval seguido del bombero torero y entonces empezaran a dar misa y a tocar una bachata al mismo tiempo: tú decides si, en medio de la incomprensión por lo que pasa, te pones a bailar o empiezas a gritar de desesperación. Aronofsky, consciente de que su obra no va a gustar a todo el mundo, lo apuesta todo al máximo: locura máxima, desesperación máxima, montaje máximo, sinsentido máximo. Una experiencia brutal para los sentidos.

Hay trozos de Madre! que podrían estar filmados por Buñuel perfectamente. Es cine abstracto, que no entiende de storylines ni de argumentos coherentes. Es cine destinado directamente a las emociones, a las entrañas, a que el ojo intente abarcarlo todo de forma imposible. Con unos papeles concisos (y mediocres) de Jennifer Lawrence y Javier Bardem, Madre! es una película que hay que ver para opinar. La gran polémica crítica de 2017.


LA LLAMADA (Proyecciones Especiales) ****

Aunque mi compañera Blanca os la comentará de forma más extensa, también quiero hablar del otro gran fenómeno del Zinemaldi: tras pasar por el teatro (en una obra magnífica), “los Javis” siguen demostrando su estado de forma mágico con La Llamada en versión película, que amplía, mejora e inmortaliza su mejor historia hasta la fecha (con permiso, claro, de la gran Paquita Salas).

La llamada

La Llamada es un musical para los que no disfrutan de los musicales, pero sí de la música. Y para los que gustan de un buen número de vez en cuando. Y para los amantes de la comedia joven y repleta de diálogos incisivos. Y para una generación millennial para los que se ha escrito, producido y dirigido. Y para todo el mundo. Prueba de ello es que el cine estaba plagado de palmas, aplausos en los momentos más míticos de la obra y ovación cerrada al final. Está claro que partía con la ventaja de ser un fenómeno de masas a pequeña escala, pero aun así.

En la película se han añadido escenas para entender mejor la relación más aplaudida por el público, aparecen varios personajes extra (ojo al papel de Soy Una Pringada, mucho más contenido y gracioso de lo que cualquiera cabría esperar) y siguen deslumbrando los mismos rostros que en el musical: Belén Cuesta como la magnífica Milagros, Gracia Olaya como Sor Bernarda y Macarena García y Anna Castillo como María y Susana, ‘Suma Latina’. Total, que a ritmo de electrolatino, de “Lo hacemos y ya vemos”, de dios cantando por Whitney Houston (que es mi fan número 1) y de golpes de gracia magníficos y con ritmo rápido, La Llamada se ha convertido en la película feel-good de 2017. La volvería a ver mañana mismo. ¡Señora, flipo!


HAPPY END (Perlas) ***

Hablar de un Haneke menor es como hablar de una tarta de chocolate deliciosa que se ha espachurrado por arriba: el sabor sigue siendo delicioso, pero le falta algo para ser perfecta. Haneke no ha dejado en Happy End sus temas habituales de lado (es más, casi parece un remix de todas sus obsesiones, puestas una detrás de otra), pero la desintegración de la familia no termina de funcionar, los actores no brillan ni tienen química entre ellos y los momentos “duros” de los que nos quiere hacer partícipes se quedan un poco en tierra de nadie.

Happy End

Happy End no es una mala película, pero sí es una mala película para lo que el director nos tiene acostumbrados. Aunque tiene planos decididamente subversivos (todo lo relacionado con el teléfono móvil, por ejemplo), lo cierto es que nunca terminamos de interesarnos por esta familia medio disfuncional y sus desventuras. Una pena, porque Isabelle Huppert muestra, una vez más, su grandeza, y Haneke innova un poco a la hora de rodar, con resultados decepcionantes. Al final, un guión demasiado conservador la echa a perder. Una pena.

A %d blogueros les gusta esto: