Festival de Málaga: Somos gente honrada

 

El Terrat vuelve a la carga con el tipo de cine que viene haciendo desde que triunfó con la estimable Tapas de Corbacho y Cruz: películas pegadas a la realidad con personajes entrañables mezclando y . Cine costumbrista lo llaman. En Somos gente honrada nos plantean el conflicto de dos cincuentañeros gallegos que un día se encuentra un fajo con 10 kilos de cocaina.

En realidad la anécdota tiene poco de original y se remite al esquema de gente honrada que se ve inmersa en el turbio mundo de la droga y el dinero fácil: ficciones tan dispares como Un plan sencillo, Breaking Bad o, por poner un ejemplo español, Atún y Chocolate se le vienen uno a la cabeza. Así, Somos gente honrada no se separa demasiado de estos planteamientos con su juego de amistades, intereses encontrados y conflictos morales. Todo es correcto, todo está en su sitio y todo se ve con el agrado y resignación de una trama algo masticada y previsible.

y Miguel de Lira interpretan a los dos amigos con convicción, demostrando que en el cine español no faltan buenos actores. Por su parte, como yerno de Lira y policía corrupto, tiene un papel menos agradecido que se estanca por demasiado arquetípico. Por ahí aparece también Manuela Vellés que sigue siendo muy guapa.

Alejandro Marzoa, director y autor del guión junto con Miguel Ángel Blanca, Juan Cruz y Jaume Ripoll, consigue hacer lo que se espera de un realizador de su currículum: una película impersonal pero tolerable propia de la generación de cineastas que nos rodea. Nada molesta, nada perturbar y todo correctito. Somos gente honrada gustará al público, lo mismo se lleva algún premio y la olvidaremos en unos días.

SOMOS GENTE HONRADA SE PROYECTA EL 23 DE ABRIL EN EL TEATRO CERVANTES Y EL 24 EN ALBENIZ A LAS 17:00 Y LAS 21:30 DENTRO DE LA SECCIÓN OFICIAL DEL FESTIVAL DE MÁLAGA DE CINE ESPAÑOL

Somos gente honrada

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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