Festival de Málaga 2017: LA MUJER DEL ANIMAL, violencia en Medellín

 

El segundo retrato femenino que pudimos ver en la jornada del martes en el Festival de Málaga. Cine en Español vino de parte de la cinta colombiana La mujer del animal. Un relato situado en el año 1975 y que narra la desgraciada historia de Amparo al ser secuestrada por Libardo, apodado “El animal” por su carácter violento.
La mujer del animal

Durante 120 minutos seremos testigos de vejaciones, violaciones, palizas y demás actos deleznables que podáis imaginar. Todo ello sin sentido, porque no tiene sentido para el propio personaje protagonista, el animal del título. En esa falta de justificación que no sea más que el propio egoísmo incide La mujer del animal, de forma harto angustiosa por momentos. La violencia es un sinsentido, se nos viene a decir, y más aun si el único propósito es el sometimiento y la anulación del otro

Su duo protagonista aporta veracidad y fuerza al conjunto: representa una fragilidad que poco a poco, con el paso del tiempo, va adquiriendo fuerza aunque no pueda escapar; , todo presencia produce asco y repulsión y cuesta creer que exista un ser humano así (todo está basado en hechos reales). El uso de actores no profesionales se torna clave a la hora de sentir esta historia de chavales en el Medellín de mediados de los 70.

opta por resolver los varios años que suceden en la película mediante bruscas elipsis que no hacen sino potenciar el sentimiento desvalido que se tiene en todo momento. Estas elipsis además nos hacen compartir la desorientación del personaje protagonista y, en cierto modo, ese estado de no-tiempo que sufre ella en todo momento. Quizás las dos horas de La mujer del animal se hagan demasiado largas debido a una falta de dramaturgia clara y ciertas reiteraciones. Así nos encontramos ante una película difícil de ver pero que no alcanza un nivel notable a pesar de su fuerza y pasión.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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