Festival de Málaga: La Estrella

 

El Festival de Cine Español de Málaga sigue siendo ese escaparate donde jóvenes cineastas traen su primera película esperando dar el campanazo y conseguir un futuro en la industria. La Estrella supone el debut en la dirección de Alberto Aranda que se ha basado en una novela de Belén Carmona junto a la que ha escrito el guión.

En La Estrella Ingrid Rubio, a la que habíamos perdido la pista tras un comienzo fulgurante allá por finales de los años 90, vuelve a deslumbrar. Es de estas películas que no se entienden sin su actriz protagonista. Es tal la entrega y el talento desplegado por Rubio que ella sola consigue sacar adelante una historia mínima. El apoyo prestado por también es bastante reseñable y aporta el punto de oscuridad y dramatismo que la película necesita para estar bien equilibrada.

La Estrella además pasa por una serie de temas de tinte social como la especulación inmobiliaria o el maltrato a la mujer con cierta delicadeza. Estos elementos se integran bien en la trama sin resultar un pegote y nunca perdiendo el norte que es el personaje de Estrella.

También es cierto que la película en ciertos momentos se estanca haciéndose repetitiva y cayendo en el trazo grueso en la definición de algunos personajes. Son sobre todo los hombres los que salen peor parados resultando a veces demasiado unidemensionales y estereotípicos. Incluso el único personaje positivo, interpretado por Fele Martínez, resulta poco creíble debido a sus extrañas idas y venidas de norte a sur del país donde va apareciendo por casualidad.

La luminosidad, vitalidad y carisma de Ingrid Rubio es la que salva a La Estrella que sin poseer un gran calado logra al menos que veamos un buen trabajo. Lo que resulta incomprensible es que esta película se haya estrenado en una sección paralela y no en la oficial. Cosas de los programadores.

LA ESTRELLA SE PROYECTA EL MARTES 23 DE ABRIL EN LA SALA ALBENIZ 2 A LAS 23:15 DENTRO DE LA SECCIÓN MALAGA PREMIERE DEL FESTIVAL DE MÁLAGA

La Estrella Ingrid Rubio

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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