Festival de Málaga: La deuda (Oliver’s Deal), insulso thriller social

 

Los insondables misterios de la coproducción nos presentan La deuda (Oliver’s Deal), película participada por Perú, Estados Unidos y, por supuesto, España. Protagonizada por y con la presencia de y Carlos Bardém, la película de pretende ser un social, centrado en unos banqueros muy malísimos que quieren aprovecharse de unos pobres indígenas peruanos.

El maniqueismo de la propuesta es tal que con un poco de perspicacia, no demasiada, es fácil adivinar todos y cada unos de los giros del guión, así como la evolución del personaje de Stephen Dorff: de vil especulador a hombre concienciado de la maldad de sus actos. A pesar de todo, la acción se sigue con interés pero hay que ser muy condescendiente para apreciar mínimamente una película como La deuda (Oliver’s Deal).

La deuda (Oliver's Deal)

El apartado actoral es lo más relevante, más por la calidad de los actores que por los personajes que interpretan. La corrección es la tónica dominante en el trabajo de Stephen Dorff, Alberto Amman, Carlos Bardém y , que tampoco tienen mucho material con el que trabajar. En un par de historias paralelas, que conectan al final al más puro estilo Babel pero mal digerido, la vertiente peruana de la historia tampoco goza del suficiente empuje para sacarnos del intermitente tedio.

La deuda (Oliver’s Deal) demuestra de forma demasiado inocente que las buenas intenciones de denunciar un hecho, el expolio de las tierras peruanas por parte de grandes corporaciones bancarias, no tiene por qué dar lugar a una buena película. En conclusión, lo insulso y desagradablemente previsible de todo lo narrado desvirtúa cualquier intento por concienciar al espectador.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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