Festival de Málaga: Hablar, los actores y la palabra

 

Joaquín Oristrell confirmó su carrera como director con su tercera película, Sin vergüenza, que se hizo con tres premios en el Festival de Málaga de 2001. En esta película Oristrell se desprendía de la sombra cómica de Manuel Gómez-Pereira, del que fue guionista, y encontraba una intermitente voz propia. Sin vergüenza era un muy sentido homenaje a la profesión de actor, al igual que lo serían sus posteriores colaboraciones con Cristina Rota, productora, co-guionista y directora de actores, Los abajo firmantes y Hablar, que inaugura la decimoctava edición del Festival de Málaga. Cine Español.

Oristrell convoca en Hablar a algunos de los nombres más ilustres del mundillo actoral español para que se paseen delante de su inquieta cámara mientras esta recorre el madrileño barrio de Lavapies. Las idas y venidas fragmentan el prácticamente inexistente relato, formando una atípica construcción donde somos testigos de momentos puntuales de una serie de historias que intuimos más que conocemos. Esta estructura es uno de los elementos más interesantes del guión de Oristrell y Rota, que en cierto modo recuerda a la opera prima de Richard Linklater, salvando las distancias, claro.

Hablar Festival de Malaga

Como en toda película medianamente episódica unas historias funcionan mejor que otras y Hablar es más interesante cuando busca simplemente captar un instante de vida como en los segmentos de Miguel Angel Muñoz, o Raul Arévalo, que cuando se propone sentenciar políticamente sobre lo mal que está el país, llegando a extremos realmente tópicos y gruesos en el segmento de . Aun así, Hablar funciona por el continuo deambular de un grupo de intérpretes a los que da gusto ver y, sobre todo, oír jugar con sus personajes y, por último, con el espectador. Un juego disfrutón y ameno que se ve con mucho gusto si nos olvidamos de sus excesivas pretensiones sociopolíticas y atendemos más al placer de ver unos actores disparando unas de sus mejores armas, las palabras, aunque a veces yerren el tiro.

Por cierto, se ha insistido mucho, con cartela inicial incluida, en que Hablar está rodada en un plano secuencia de 75 minutos, como si esto supusiese algo artísticamente a tener en cuenta, más allá del esfuerzo que es el mero hecho de hacerlo, claro.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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