Festival de Málaga 2017: VERANO 1993, momentos de vida

 

El tiene una larga tradición de películas con niño que va descubriendo el mundo de los adultos. A la hora de enfrentarse a Verano 1993 a uno se le viene a la cabeza inevitablemente El espíritu de la colmena o Secretos del corazón, con las que la película de Carla Simón comparte ciertas formas, siendo le exigencia del punto de vista la más destacable.

Verano 1993

Frida pasa el verano con una nueva . Iremos descubriendo que Esteve () es su tío, hermano de su madre. Por la casa de verano pasan sus abuelos, pero solo de vez en cuando. Y así, paso a paso, entraremos en el mismo mundo que Frida va destapando con lentitud, sin entender mucho de lo que pasa a su alrededor. Pasan los días de verano donde Frida junto a sus tíos y su prima irá dando significado a algunos enigmas de su vida.

El misterio es una de las claves de la obra de Carla Simón: sabemos que los padres de Frida han muerto, pero sin estridencias sino a base de pequeños comentarios, gestos y miradas se irá desvelando las circunstancias y las relaciones que enfrentaban a los diferentes personajes. Otra de las claves es el uso de los objetos: en Verano 1993 unos vestidos, una fruta, una lámpara, una tirita, un helado, una lechuga o un peine se convierten en algo, en motivo de conflicto, de dibujo de una personalidad o de símbolo de un estado de ánimo. Todo ello con la sutileza de lo verdadero, donde no hace falta insistir ni verbalizar porque la claridad expositiva de Simón es tal que no necesitamos que ningún personaje nos diga qué está pasando.

Verano 1993 es una película que se siente salida de las entrañas de la memoria en un tiempo en que los niños no son buenos ni malos sino simplemente niños. Frida se comporta mal, incluso con cierta maldad por momentos. Pero la inocencia, el no comprender la dura realidad, a pesar de que la conozca, le exime de culpa. Toda esta complejidad es captada con soberbia naturalidad por la cámara de Carla Simón, sin atisbo de dramatismo ni pretenciosidad. Como si todo el cine fuese así. Como si fuese tan fácil captar el momento de vida.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies