Festival de Madrid: LAS CALLES, los n(h)ombres más importantes de mi pueblo

 

A Kevin Spacey le ha salido una dura competidora como profesora del año en la Patagonia argentina. La señorita Julia, maestra de la única escuela del lugar, ha propuesto a sus alumnos una actividad de sociales que tiene como objetivo poner nombre a las calles de Puerto Pirámides. Junto a ella y su compañera trabajarán codo con codo para que el pueblo reciba lo que se merece. La cadena de favores ahora se ha convertido en una serie de entrevistas a habitantes de la zona, nacidos allí o no que aconsejarán apellidos de personas importantes que merecen ingresar en tan singular callejero. Gracias a su sabio consejo y necesario conocimiento todos estos chicos y chicas adolescentes aprenderán a ser periodistas por unos días documentándose de la mejor manera posible sobre la vida de estas personas con las que se cruzan cada día cuando van a la escuela. Usando fotos antiguas y escuchando experiencias pasadas, antes ocultas, confeccionarán una lista de posibles candidatos que podrán ser elegidos por el censo. Vivirán en primera persona un acto democrático en forma de votación secreta y libre con papeletas, urna y cuarto oscuro preparado por ellos sustituyendo a una cabina.

Las calles

Antes del gran día varias son los obstáculos que dificultan la tarea incluyendo la avería del automóvil que los transporta de casa en casa, los nervios propios de la inexperiencia o las negativas a hablar sobre ciertas cuestiones algo incómodas para los entrevistados. Las dos generaciones se encuentran y discuten sobre la memoria del pueblo y sobre las diferencias entre el antes y el ahora ejemplificadas en la forma de divertirse, diferente la una de la otra. Para que no resulte todo monótono y repetitivo la directora María Aparicio filma bonitas y artísticas escenas de mar entre charla y charla que además dan a conocer uno de los trabajos más duros y actividad productiva más económicamente provechosa de la región como es la marisquería de la que dependen muchas familias desde hace bastante tiempo. Además intenta mostrarnos rincones y vistas panorámicas de los alrededores y del interior del municipio desconocidos para el visitante.

Las vidas de los nuevos habitantes más jóvenes difieren mucho de las que disfrutaron sus padres y aunque alguno siga el negocio familiar, como la venta de comida ambulante o la pesca del pulpo, todo ha cambiado. Quizás falta algo de información individual, solo alguno confiesa sus sentimientos y temores ante Julia o se lleva todo el protagonismo al llegar tarde a las conversaciones por estar trabajando o cuidando a su hijo. Ese es el mayor defecto que encontramos en Las calles, documental que ficciona el proyecto de Puerto Pirámides, un lugar que no se localiza en un mapa y que por lo tanto parece extraño y lejano ante nuestros ojos. Nada que ver con el Derry, de It, mucho más cercano y familiar y con una historia más justa con los detalles.

Las calles

La iniciativa es muy buena y la intención mucho mejor, merecedora de premios en festivales, pero quizás sean estos lunares negros los que hacen que nunca lleguemos a coger cariño ni al pueblo ni a algunos de estos jóvenes que para nosotros seguirán siendo anónimos y poco cercanos, como los nombres en fondo oscuro que al final se eligieron para las calles señaladas sin azar.

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