Festival D’A Barcelona: The duke of Burgundy, feminismo y deseo

 

es un manifiesto feminista del deseo extremadamente complejo representado a través de la relación “amorosa” entre una joven criada y su señora. Lo intrigante de la obra es lo bien que se sustenta la representación de esta relación en la pantalla durante sus 104 minutos de duración. , director y guionista del film, nos muestra a dos mujeres de personalidad totalmente antagónicas pero que se compenetran a la perfección. La criada es una mujer sadomasoquista que adora estar sometida y su señora, bajo la apariencia de encantarle mandar y sodomizar a su criada, es una persona que se siente sola y necesita compañía. Strickland presenta la evolución de la relación de esta singular pareja a través de la repetición y la variación. La mayor parte del metraje está ocupado por unas pocas secuencias que se van repitiendo y apareciendo en momentos cumbre de la obra con pequeñas variaciones que nos hacen intuir la situación de la relación. Las exigencias de la criada acaban agotando a su dueña, y la diferencia de edades se hace perceptible con más fuerza a medida que avanza la obra. El espectador queda asombrado por los peculiares deseos de las protagonistas, sobre todo los referentes a la criada, pero aun así The duke of Burgundy no es en ningún momento repugnante, brutal o explícita, al contrario, es sutil y hermosa pero también muy enigmática.

Duke of Burgundy

El poder femenino que Strickland otorga a la película es más que evidente al no intervenir ningún hombre. Es una obra que apuesta por la posibilidad de alcanzar el placer femenino sin la necesidad de la intervención masculina. Pero este mensaje queda eclipsado por la capacidad onírica y de intriga de la obra. Los espacios gozan de una estética y de una iluminación muy surrealista acordes con el discurso. Hacia el final de la obra, Strickland se permite añadir una secuencia en la que exagera este tono y que goza de una atmosfera inverosímil y misteriosa. Esta sucede de noche, en un encuentro entre las dos mujeres en medio del bosque, que culmina con probablemente la imagen más portentosa de la película: la criada invadida por un montón de polillas (elemento recurrente en la obra).

Más allá de la estética extraña pero a la vez hermosa y atrayente hay que tener en cuenta que sin la gran interpretación de las dos protagonistas la obra no se hubiese sustentado por si sola. La química, a veces forzada, a veces totalmente realista, entre las dos mujeres contribuye a enriquecer el misterio y rareza que desprende The duke of Burgundy.

Duke of Burgundy

The duke of Burgundy es el típico film que apuesta por algo diferente y que puede atraer y repulsar a los espectadores por igual. Pero es sobre todo un film de ideas claras, muy personal y precisamente muy atractivo por sus peculiares rarezas.

Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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