Fancine 2017: BETTER WATCH OUT, diversión con la niñera

 

Con la reciente The Babysitter en la memoria hemos tenido la oportunidad de ver en el Fancine de Málaga, Better Watch Out, película que conformaría un oportunísimo programa doble con la película de McG.

En la primera se amplificaba el tópico de la niñera  como objeto de deseo adolescente para posteriormente dinamitarlo haciendo de la misma un personaje que tomaba las riendas (y hasta aquí puedo leer). En Better Watch Out el protagonismo recae en el joven Luke que planea una inolvidable velada con su niñera de costumbre. Pronto, tendremos una home invasion de libro que se tornará en algo inesperado (y tampoco leeré más).

Better Watch Out

No deja de resultar curioso que ambas cintas compartan un inicio similar: los jóvenes a cuidar protestan a sus padres ya que no confían en que sean capaz de quedarse solos una noche y, a su vez, están deseando de pasar el tiempo con la niñera, con la desesperada idea de que ella deje de verlos como unos tiernos infantes. En cierto modo, ambas películas hablan de ese momento de la masculina en que ya están presentes los deseos pero aun sigue presente también la autoridad paterna. De todos modos, hubiese sido bastante intrigante en ambas cintas revertir el género del cuidado (niños en los dos casos) y ver cómo una niña se hubiese enfrentado a lo que plantean ambas películas.

Otro de los rasgos en común es el caudal de sorpresas que ambas deparan. Sin dejar de ser una cinta de género entre el y la irónica, Better Watch Out sacude su trama desde la casqueria más elemental a los giros que nos llevan desde el Columbus más inocente de Solo en casa a la angustia del más perverso Haneke. Una montaña rusa imprevisible que además dura poco menos de 90 minutos a la que quizás podamos achacarle una inventiva visual algo limitada.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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