Americana Film Fest: EX LIBRIS: THE NEW YORK PUBLIC LIBRARY, más que libros

 

Es increíble como un cineasta como Friederic Wiseman, a sus 88 años de edad, continue embarcándose en sus proyectos documentales de larga duración (tanto de metraje como rodaje) y siga consiguiendo retratar de forma tan certera y atrayente las instituciones que rigen y alrededor de las cuales se construye un país. Hace ya más de 50 años que sorprendió al mundo con su opera prima, Titicut Follies, su polémico documental sobre una prisión psiquiátrica de Massachussets. Desde entonces no ha parado de retratar con su cámara y su peculiar estilo de rodaje (donde él mismo suele encargarse del sonido directo) la sociedad en diferentes épocas a partir de los organismos de los cuales dependen (museos, universidades, hospitales, comisarías…). En Ex Libris, Wiseman se adentra en una de las instituciones que, aunque a priori no lo parezca, abarca muchos estratos de la sociedad y es sintomática de cómo funciona una ciudad o un país.

Ex Libris

La biblioteca publica de Nueva York, a diferencia de en Europa y así como muchos otros organismos estadounidenses, no es una institución cien por cien pública ya que prácticamente la mitad de su capital procede de inversores privados. Este es probablemente uno de los temas a partir de los cuales Wiseman crea la columna vertebral de Ex Libris. Enfatizando especialmente en las reuniones de los máximos dirigentes y encargados de la institución, uno ve rápidamente que una de sus mayores preocupaciones es la distribución y destino del dinero con el que se sustenta. Cuando uno piensa en un documental sobre una biblioteca lo primero que esperaría de él es ver su funcionamiento interno de préstamos de libros y documentos así como quedan organizados.

Wiseman, sabiendo que esto es una faceta que el espectador conoce a la perfección prácticamente la ignora, adentrándose en las facetas más sociales e inclusivas que la biblioteca realiza: la inclusión tecnológica de las diferentes clases sociales que no tienen acceso a internet, las conferencias y entrevistas de autores de todo tipo, los conciertos, performances, proyectos escolares de refuerzo, debates, cursos, reuniones burocráticas… y así un sinfín de actividades. Todo ello para que el espectador pueda replantearse la importancia de una institución que resulta bastante esencial para el buen funcionamiento de una sociedad moderna. Y con la maestría de Wiseman, su tacto humano y su capacidad de emocionarnos a través de una película construida esencialmente desde el montaje.

 

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Carlos Murcia

A los 14 años descubrí mi pasión por el séptimo arte. Desde entonces nadie ha conseguido despegarme de la gran pantalla. Apasionado no solamente del cine sino también de las series de televisión, los mediometrajes, los cortometrajes, los documentales o cualquier tipo de representación audiovisual. Fiel devoto de Lars von Trier, admirador del cine japonés y de los grandes directores clásicos y de la modernidad. En definitiva, amante del cine como fuente de sabiduría con la que aprender y crecer como persona.

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