Especial Woody Allen: Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar (1972)

 

Tras realizar dos películas que adolecían de ser una mera sucesión de gags con escaso hilo argumental Woody Allen compró los derechos de Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar, un famoso best seller de la época que como su nombre indicaba no era más que un manual de autoayuda centrado en el sexo. De tal desembolso Allen sólo aprovechó los títulos de algunos capítulos y, por supuesto, la publicidad que conllevaba ser la adaptación de un afamado libro. Como no podía ser menos la estrategia consistía en parodiar esos temas que en el best seller del Doctor David Reuben eran tratados mediante una técnica de preguntas y respuestas. Ahora sí, Allen se decidió por hacer directamente una película de episodios consiguiendo divertidos resultados en todos ellos, siendo un par de ellos sobresalientes.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo

Los afrodisiacos, la sodomía, la frigidez, el travestismo, las perversiones y  la eyaculación son algunos de los temas que tratan los siete capítulos que componen Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar. En todos ellos vemos que la capacidad de Allen para la comedia es brutal, pero cuando ésta se sazona con el drama comenzamos a vislumbrar el gran cineasta que Woody Allen puede llegar a ser. Estoy hablando por supuesto del magistral episodio protagonizado por Gene Wilder titulado ¿Qué es la sodomía?: en él asistimos a la historia de un médico de cabecera que al intentar solucionar el problema de un paciente, su enamoramiento con una oveja, termina cayendo en las redes amorosas del bovino, echando su vida a perder. La soberbia interpretación de Wilder, huyendo totalmente de cualquier atisbo paródico, se une a la brillante escritura y dirección de Allen que plantea la historia con una seriedad que no era habitual en su cine: la comedia surge de lo absurdo de la situación pero a la vez está planteada con un realismo que llegamos a sentir verdadera lástima por el personaje de Wilder.

En otros de los cuatro episodios comenzamos también a ver una estrategia que Allen seguirá posteriormente a lo largo de su carrera: la apropiación de códigos estilísticos ajenos para desarrollar sus historias, elemento clave en sus dos siguientes películas: ¿Por qué algunas mujeres no pueden conseguir el orgasmo? es un pastiche confeso del cine italiano, con especial atención a La noche de Michelangelo Antonioni; ¿Los experimentos sobre el sexo dan resultados satisfactorios? sitúa a los médicos en la misma onda que los mad doctors del cine de monstruos de la Universal; y, por último, ¿Qué sucede durante la eyaculación? coge prestado del cine de ciencia ficción de los años 70 sus decorados asépticos, con Viaje alucinante como principal referente y un divertidísimo Woody Allen en el papel de un espermatozoide cobarde.

Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo

Por desgracia el nivel no se mantiene en el resto de episodios que, siendo todos ellos muy divertidos, no alcanzan grandes cotas cinematográficas. Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar sirvió a Allen para seguir ahondando en su investigación sobre qué es la comedia y, sobre todo, desarrollando su pesimista visión acerca de la condición humana en el mencionado capítulo protagonizado por Wilder.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era “una del espacio”. Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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  1. 6 octubre, 2014

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