El mundo en sus manos, la aventuras que emocionaban de niño

 

En determinadas épocas los títulos de crédito iniciales tenían un valor diferente al que conocemos ahora, por tanto, cuando una película, su primer fotograma era el nombre a toda pantalla del protagonista, pretendía decirnos algo, bien que era una exigencia de propio actor, o bien que pretendían vender la cinta más allá de su calidad, solo con la presencia del mismo, como si del cadáver del Cid subido a su caballo se tratase.

No es este el caso de El Mundo en sus manos, la cual empieza mostrándonos que es el protagonista que nos conducirá en esta aventura, interpretado al Capitán Clark, que al mando de La Peregrina de Salem nos conduce en las truculentas aguas que van desde California hasta Alaska, y donde se emprende el camino que dio lugar a la posterior compra de Alaska por parte de los Estados Unidos.

Es una historia de marinos, de pendencieros, de amor imposible, de caricaturas de hombres fornidos con bigote y bombín, de , de aquellas que hacían emocionarse al niño que gastaba su paga en la sesión matinal, del cine de otros tiempos, de ese cine por el que empecé a escribir esta serie de entradas.

El mundo en sus manos

Gregory Peck, , Ann Blyth, John McIntire, son suficiente reclamo para esta cinta, pero aun así la música de Frank Skinner constituye un atractivo más, estando a la altura de cada momento épico que esta película nos narra, no carente de momentos y personajes cómicos, como el contramaestre esquimal que solo repite sistemáticamente la misma expresión sea cual sea la circunstancia. Un colorido espectáculo en Tecnicolor que no deja un solo momento para el aburrimiento, ni para perderse en la historia, que pese a ser trepidante, no es nada compleja.

Una maravilla del cine, algo que hará que una tarde en las que no sabemos que ver, o como matar el aburrimiento, aunque solo sea para anotar cada una de las citas que realiza magistralmente John McIntire, o para reír con la forma de actuar de El Portugués, un Anthony Quinn inconmensurable o incluso con Luisa. Sin duda, pasar una tarde viendo, y viviendo la historia de El Hombre de Boston, del hombre que intentó comprar Alaska a los Zares, es una opción más que recomendable.

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