El gabinete del doctor Caligari, lo clásico en nuestros días

 

Pensemos en una habitación negra y oscura, una ventana al fondo, de esta que deja entrar un pequeño rayo de luz lunar. Es medianoche y se escucha de fondo el sonido del viento chocando contra las ramas de un árbol seco, al mismo tiempo que entra por una pequeña ranura rota de la ventana, creando así un sonido fantasmagórico. De pronto, una figura cruza de forma pausada la ventana y proyecta en la habitación una enorme sombra dura que oscurece por completo el espacio, comiéndose cada pequeño reflejo de luz proyectado en la negra pared. Ahora estamos dentro de la habitación y de pronto escuchamos la música, acordes menores, golpes secos producidos con los instrumentos y pasos que se van acercando poco a poco a nosotros al ritmo de la macabra música. No podemos escapar, cada vez lo tenemos más cerca, la ventana se abre, la figura entra, se aproxima a nosotros y… ¡corten!. Esto, es cine de terror. ¿Cuántas veces habéis entrado a una sala de cine a ver una película de terror y habéis deseado que os den el mejor susto de vuestra vida? ¿Y si os dijera que esta sensación ya la tenían los espectadores en 1920, y que además, el director de cine Robert Weine consiguió crear una obra maestra que aterrorizó a todo el público del momento? La película que vengo a reseñar hoy no es otra que El gabinete del doctor Caligari, la obra predecesora de todo el cine de terror y suspense que conocemos hoy en día. Esta película pertenece a una corriente cinematográfica bautizada con el nombre de “expresionismo alemán”, caracterizado por sus numerosos planos angulados, decorados teatrales, juegos de luces y sombras muy marcados y temáticas terroríficas con personajes consumidos por la locura y sus propios conflictos internos. Pero dejémonos de tecnicismos y vayamos a la parte interesante de la reseña.

El gabinete del doctor Caligari

El gabinete del Doctor Caligari arranca su historia con un señor forastero de aspecto envejecido y un pueblo en feria. El señor ofrece de su propia mano una interesante atracción para esta feria en la que un sonámbulo llamado “Cesare” adivinará el futuro de los presentes en la sala. No contaré mucho más sobre la historia para evitar “spoilers” pero espero despertar vuestro interés cuando os diga que películas muy conocidas del cine de terror actual son una clara influencia de esta obra clásica del 1920, y que sin ella y muchas otras que la siguen como Fausto o Nosferatu este género tan exitoso actualmente no sería lo que es.

En El gabinete del doctor Caligari encontramos un personaje loco que al final resulta ser cuerdo, y un cuerdo que resulta finalmente ser un loco, encerrado finalmente en un manicomio, algo muy similar si nos paramos a pensar en la obra del famoso cineasta Martin Scorsese Shutter Island, ¿no creéis?. Es Kubrick otro gran director que inevitablemente se inspira en esta obra en su película El resplandor, en escenas tan famosas como en la que el subconsciente de Jack escribe mensajes delirantes que revelan definitivamente su locura, al igual que le ocurre a Caligari.

Por si no tenéis todavía suficientes pruebas de que el cine clásico está presente en cada escena del cine actual, me gustaría destacar un último director que hace uso de esta corriente en sus decorados exagerados y teatrales además de en la creación de personajes oscuros y con aspecto cadavérico. No es otro que Tim Burton, con ejemplos como La novia cadáver o Sombras tenebrosas entre muchos otros.

 

El gabinete del doctor Caligari es una de esas películas que por mucho que pase el tiempo no dejarán de sorprender. La maldad de Caligari, la maldición y tortura que tiene que soportar Cesare o la insoportable confusión y pavor que se despierta en el pequeño pueblo con la llegada de estos dos personajes, son hechos que atemorizarían a cualquiera, ayudados además de una puesta en escena escalofriante y macabra que te hará mirar detrás de la silla para comprobar que no hay ninguna sombra acechando en la habitación. El mundo cambia, evoluciona y nosotros con él, pero no hay que olvidar nunca de dónde venimos, que antes de nosotros existieron personas con las mismas necesidades, los mismos, deseos, los mismos miedos y las mismas inquietudes que nosotros, y otras tantas que estaban dispuestas a complacer todas estas sensaciones de algún modo. El cine clásico nos aproxima a esta gente y a lo que les interesaba o aburría, y es por eso que me parece interesante hacer una pequeña reflexión en la que planteo la duda de si realmente somos tan diferentes de ellos como creemos, o tan solo aprendices de personas que un día decidieron revolucionar el mundo, y efectivamente, lo consiguieron. Aprender del pasado es tan importante y necesario como hacer avanzar nuestro presente.

 

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