El becario, uno para todos y todo para Robert De Niro

 

Nancy Meyers se pone detrás de las cámaras para volver a un tema que es recurrente últimamente en la filmografía estadounidense. Lo vimos en el 2004 con En buena compañía donde un cincuentón Dennis Quaid pasaba a trabajar para alguien muchísimo más joven que él, en este caso Topher Grace y hace dos años cuando se estrenó Los becarios donde unos maduros y interpretaban a dos amigos que deciden ser becarios en Google una vez que su trabajo de comerciales se ha vuelto obsoleto.

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Las relaciones y amistades entre compañeros de trabajo de diferentes generaciones parece que da mucho juego. Aquí la voz de la experiencia la representa Ben, el gran del que hace tiempo que no teníamos noticias mientras que la juventud y las ganas de progresar en un mundo tan competitivo como la compra venta de ropa por internet es encarnada por Jules, una bella quien ya ha hecho algún papel con relación al mundo de la moda ¿Quién no recuerda a Andy como ayudante de en una revista de moda en El diablo viste de Prada?

Al principio los dos protagonistas mantienen una relación más bien fría pues la dura y hermética jefa no está convencida de que su becario pueda ayudarle en demasía pero más tarde y viendo los resultados y la implicación en la empresa del bueno de Robert los lazos afectivos aumentarán. La química entre ellos es más que evidente traspasando la pantalla y consiguiendo que el resultado sea muy positivo. En algunos momentos nos da la sensación que estamos observando a padre e hija trabajando juntos y es que la relación que se establece entre ambos roza en ocasiones lo paterno-filial basado en la protección y en la ayuda sin esperar nada a cambio nada que ver con la distancia que mantiene Jules con su madre.

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Uno aporta al binomio la tranquilidad, el orden, la sapiencia y el don de gentes, el otro la fuerza, la pasión y la vitalidad que la juventud otorga probada en los maratonianos paseos en bicicleta por la oficina.

La gamberra de Los becarios se ha transformado en algo más serio y menos alocado pero también con algunas escenas que querrán sacar más de una sonrisa al espectador como aquella en la que el pobre de Ben se ve acosado por la terapeuta de la empresa encarnada por Rene Russo o el homenaje que se le da al personaje que interpretó él mismo en la mítica escena frente al espejo en Taxi Driver aquí con guiño de ojos incluido.

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Sin lugar a dudas la directora ha dejado a un lado su vena romanticona, aquí el amor pasa de puntillas, para concentrarse en mostrar el trabajo diario en una empresa tan competitiva como la que aquí aparece donde un día uno está en la cresta de la ola y al día siguiente en la cola del paro. Un mundo empresarial moderno hipercompetitivo que abusa de la tecnología y que a veces olvida las relaciones humanas. En ello radica la originalidad el desparpajo de este film, ese es el punto en el que debemos fijarnos a la hora de valorarlo.

Seguramente en lo que queda de año no volveremos a encontrarnos con algo parecido pero sí que me juego el brazo derecho y no creo perderlo a que en el 2016 aparecerá de nuevo el personaje del becario, esos grandes olvidados en nómina económica de las empresas.

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¿Les veremos llevando cafés, haciendo fotocopias o realizando trabajos de mayor importancia? Yo estoy seguro que en ese momento citaré al becario de Meyers y escribiré ¡os lo dije!

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