Need for speed, entretenimiento con varios peros

 

 Titular una película comercial como un videojuego que carece en su mayor parte de cualidades narrativas es una trampa realmente sucia. Puedo entender las películas de Lara Croft, Resident Evil o unas futuras sobre Uncharted o incluso Grand Theft Auto, pero una adaptación cinematográfica de un juego que consiste en su mayor parte en simplemente correr con coches pues se me antoja algo arbitrario, sólo comprensible desde un punto de vista industrial. Por eso no sé si los jugadores del Need for speed encontrarán aquí algo a lo que agarrarse más allá de la inclusión de una estructura narrativa a sus escenarios y vehículos favoritos.

Entrando en lo puramente cinematográfico Need for speed se puede ver de dos formas complementarias y en apariencia contradictorias: por un lado resulta un eficaz entretenimiento que durante sus dos horas te mantiene mínimamente atento pero por otro supone una oportunidad perdida debido a su extrema convencionalidad y falta de sorpresas.

En el aspecto positivo encontramos una tolerable trama de segundas oportunidades y búsqueda de la justicia más allá de los márgenes de la ley con de protagonista. El actor de Breaking bad consigue aquí su primer papel protagonista en en una de esas operaciones que ya hemos visto más de una vez: le damos al chico un papel que no arriesgue demasiado su imagen y aprovechemos la inercia del rol que le dio la fama. Así Paul maneja con soltura la expresión de muchacho intenso pero de buen corazón, mucho más listo que Pinkman, eso sí. Su buen hacer consigue que las escenas que no son las de coches nos pasen con agrado.

Crítica Need for speed

Pero lo que está claro es que los espectadores de esta película no quieren que les cuenten un dramita, sino que lo que quieren ver son coches corriendo y chocando. En este sentido Scott Waugh resuelve de forma eficiente y, sobre todo, visible las diferentes set pieces que componen Need for speed. Sin llegar a los límites gozosamente absurdos en los que entró hace tiempo la saga Fast & Furious, Need for speed encuentra su balance en una impresión de realismo que aunque sepamos que es completamente artificial funciona dentro de la trama donde se enmarcan. Que se hayan usado coches reales y especialistas para las escenas, en vez de el omnipresente CGI, y que no se haya abusado en demasía de las fantasmadas ayuda a que la impresión general sea bastante satisfactoria.

Como decía antes, Need for speed tiene muchos peros y multitud de cosas mejorables que la podrían haber convertido en mucho mejor película: un retrato de los personajes femeninos más trabajado evitando el síndrome del bonito florero, un malo más carismático y con un poquito más de fondo, un poco de más inventiva en el apartado visual y, en el fondo, un relato menos obvio y previsible. Aun así Need for speed contentará a los que quieran desconectar las neuronas un rato y entretenerse con unas cuantas carreras y persecuciones bien trabajadas.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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