Brave, los ecos de la crueldad disneyana

 

Cuando aparecieron los primeros trailers de las alarmas empezaron a sonar: tomaba el rumbo de personajes graciosillos que hacían cosas como enseñar el culete. Pero como siempre suele pasar en las pelis de Pixar el trailer sólo muestra una pequeña parte del conjunto. Lo que en principio parecía que se iba a convertir en un remedo del humor facilón marca Dreamworks se termina convirtiendo en la película más que jamás ha realizado Pixar.

En los primeros cuarenta minutos de Brave vemos como Merida se enfrenta a su madre porque no quiere aceptar su destino de jovencita casadera. Esta es la peor parte de la película porque tenemos que sobreponernos a los tópicos de los que ya se deshizo Disney en los 90, con La Sirenita al frente, sobre la necesaria liberación de la mujer sobre una sociedad machista. Siempre podemos regodearnos en la exuberante belleza de la puesta en escena con unos paisajes, diseño de personajes y más que sobresalientes.

Pero de repente Brave se vuelve oscura, tenebrosa y tremendamente cruel. Como si el espíritu del Walt Disney más sádico hubiese salido del frigorífico y hubiese inoculado en la película el ADN de Blancanieves, Bambi y Pinocho. Buena muestra de que no exagero fueron los numerosos llantos en varios momentos de la proyección y los múltiples padres que tuvieron que salir de la sala con los churumbeles medio traumatizados. Mi propia hija tenía un acojone en el cuerpo considerable y eso que está acostumbrada a ver “películas de mayores”.

Lo que sí está claro es que Brave no es una película para niños. En este sentido entronca más con clásicos Disney como los anteriormente mencionados o con El Rey León por decir una más reciente. Y esta es la gran apuesta de Pixar con Brave: hacer su película traumatizante. Ya lo había intentado en varios momentos con la muerte de la madre de Nemo, el malrrollero muñeco tuerto de o el inicio de Up. Aquí ponen toda la carne del asador: esto será lo más cerca que nunca estará Pixar de hacer una peli de terror.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

  • Vaya, yo quería verla, pero ahora ya no estoy tan segura. La verdad es que lo que cuentas no se me había ocurrido para nada después de haber visto el trailer.

  • A mi me parece un primer episodio de mil quinientas películas y chorrocientas series que van a sacar de esta historia. Un final abiertísimo. Por el resto, estoy de acuerdo contigo. Eso y aviso a navegantes, el 3D es peor que matar a una madre.
    Sobre dicho 3D, me maree muchísimo, hubo ratos que pensé en irme… y para mi lo mejor, el corto previo que me pusieron. “La Luna”.

  • Montagon

    Interesante. Visto el trailer no me esperaba ésto. Ahora, sin duda, tendré que ir a verla.

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