Atlántida Film Fest: PORTO / EUROPE, SHE LOVES, sexo europeo

Las relaciones sexuales como fuerza y motor de la vida son ya casi un género cinematográfico en sí mismo. Dos películas presentadas en el Atlántida Film Fest poseen este rasgo común, así como unas intenciones de salirse de la norma, con desiguales resultados: mientras que Porto apuesta por un relato que alterna la voz susurrante con las grandes explosiones de pasión, Europe, she loves viaja hasta cuatro capitales europeas intentando conjugar política, sexo, amor y reivindicación.

Porto

La ciudad de Oporto es testigo del breve encuentro entre Jake y Matison: una noche de amor y pasión de la que veremos primero los resultados. Como si de un relato impresionista se tratase, con alternancia de formatos cinematográficos y puntos de vista, la película del brasileño Sabe Kingler propone un viaje, con un componente en parte cinéfilo, por los lugares comunes del amor fou como si fuese la primera vez. El aliento , el de las frases cursis y grandilocuentes, cruza el metraje de Porto con una contundencia y seguridad nada común (baste recordar Amar, un ejemplo reciente de similares intenciones y desgraciados resultados). La confianza de , en uno de sus últimos papeles, y en sus personajes hacen de Porto una pequeña joya que desgraciadamente no podremos disfrutar como merece: una película rodada en 35, 16 y Super 8 mm que solo podemos ver en un festival que se celebra por internet, paradojas de los tiempos que vivimos.

Europe, she loves

Si Porto apuesta por la intimidad de un encuentro, Europe, she loves se embarca en un viaje por Sevilla, Dublín, Tallin y Tesalónica con la ambiciosa intención de elaborar un retrato generacional, una historia de jóvenes europeos que trascienda hasta elaborar un retrato social mezcla de crisis política y amorosa. Por desgracia, el director suizo Jan Gassmann solo consigue divagar alrededor de estas parejas y sus encuentros sexuales, mientras suenan de fondo falsos noticiarios con grandilocuentes (y facilonas) afirmaciones sobre el mal estado de la Europa actual. Ni siquiera el formato, entre lo y lo ficcionado, nos abre una puerta de interés hacia Europe, she loves que termina siendo una bienintencionada propuesta, valorable por sus pretensiones, pero ahogada por una falta de claridad en su apuesta.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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