Atlántida Film Fest: Like someone in love

 

La carrera de Abbas Kiarostami había discurrido con placidez en su Irán natal (con toda la placidez con que se pueda vivir en Irán claro) hasta el 2010 cuando salió para hacer Copia certificada en Francia. El cambio le vino bien porque se convirtió en su película más exitosa en mucho tiempo y decidió repetir la experiencia esta vez viajando a Japón.

Lo primero que queda claro es que Kiarostami sigue siendo el mismo cineasta insobornable, denso y, a veces, plumbeo. El cambio a Japón le sirve básicamente para desarrollar una historia que está claro que en Irán sería prácticamente imposible: una joven estudiante se gana un sueldo como prostituta y visita a un señor mayor. Poco más se puede contar ya que el juego de sorpresas y máscaras es uno de los alicientes de Like someone in love.

Kiarostami se sirve de una narración cerrada en si misma para que sepamos lo mínimo de los personajes y que vayamos descubriendo sobre la marcha sus motivaciones e intereses. Las dos primeras largas secuencias son las más interesantes del conjunto y las que nos mantienen más alerta. En el momento en que entra en escena un tercer personaje pasan más cosas pero, paradójicamente, perdemos un poco el interés y Like someone in love se hace un poco más tediosa.

Como decía al principio, Kiarostami vuelve a enfocar sus viejos temas de los juegos de roles y las fronteras entre realidad y ficción pero esta vez desde un punto de vista un poco más ligero y liviano que de costumbre. Poco pierde Kiarostami en su periplo japonés pero tampoco gana demasiado. Porque claro, tampoco podemos esperar ahora que un señor de más de 70 años se ponga a explorar otros temas.

Atlántida Film Fest

¿Quieres ver Like someone in love o alguna de las otras películas del Atlántida Film Fest? Comenta en esta entrada o en alguna de las anteriores del festival para entrar en el sorteo de una entrada. El próximo ganador lo anunciaremos el lunes 9 de abril.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

  • jabds

    A mí me gustaría ver Compliance y Stories We Tell!

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