Atlántida Film Fest: Falsos horizontes

 

Hay algo verdaderamente inquietante en la nueva película que hemos tenido oportunidad de ver en la sección oficial del , Falsos horizontes. En apariencia es un que intenta mostrarnos la cara de los acampados en la Plaza del Sol de Madrid durante el famoso 15M y los días que le siguieron. Lo que no me queda claro del todo es la intención de Carlos Serrano Azcona.

En principio uno podría pensar que una película dedicada a este movimiento social acabaría siendo un mero panfleto simplista demostrando un apoyo inquebrantable: ellos son los malos, nosotros los buenos. Ese mensaje está en la mayor parte de los protagonistas que hablan a cámara. Pero el resultado resulta a todas luces descorazonador.  Al dejar hablar sin fisuras a los acampados vemos una falta de ideas abrumadora, una repetición hueca de eslóganes y una carencia en las propuestas que da miedo.

Sin tener nada que ver ni en lo formal ni en lo argumental se me vino a la cabeza la magistral Tierra y Libertad de Ken Loach. Si aquella se podría haber subtitulado Así se pierde una guerra, Falsos horizontes bien se podría haber subtitulado Así se desgracia una revolución. En cierto modo, uno acaba entiendo por qué lo del 15M no llegó a ningún sitio viendo a muchos de sus protagonistas. Y me inquieta no saber si Carlos Serrano Azcona es un izquierdista tremendamente desencantado o un infiltrado de Telemadrid haciéndose pasar por documentalista progre. Que no es que me guste poner etiquetas, pero…

El principal lastre de Falsos horizontes es su duración. El formato documental formado en su mayor parte por talking heads en poco ayuda  superar los 83 minutos que se hacen demasiado pesados por repetición. Aun así, un documental muy recomendable por su calculada ambigüedad.

falsos horizontes

¿Quieres ver Falsos horizontes o alguna de las otras películas del Atlántida Film Fest? Comenta en esta entrada o en alguna de las anteriores del festival para entrar en el sorteo de una entrada. El próximo ganador lo anunciaremos el viernes 12 de abril.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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