Ant-Man y la Avispa, el poder de lo pequeño

 

Tras su colosal aparición en Capitán América: Civil War, hace ya la friolera de dos años, Scott Lang, a.k.a. Ant-Man, causó baja en Infinity War debido a un arresto domiciliario del que no se libraría ni aunque un loco titán del espacio amenazase con destruir medio universo. Asumida su condición de “película pequeña”, es decir, aquí no hay que salvar al mundo, Ant-Man y la Avispa supone un episodio más dentro del MCU: una historia paralela al resto de asuntos que suceden en “películas mayores” y que debido a la modestia de sus conflictos evita el molesto “llamemos a los Vengadores”.

Ant-Man y la Avispa

Circunscrita en un espacio temporal de un par de días, Ant-Man y la Avispa juega a la ligereza del tiempo en contra, construyendo una sensación de urgencia continua con una multiplicación de villanos de poca envergadura pero de suficiente carisma: Walter Goggins repite como tipo sureño de poco fiar y Hannah John-Kamen hace comprensibles sus motivaciones más equivocadas que malignas. Así lo que nos queda es un efervescente corre que te pillo tan fresco como intrascendente que, aun así, no alcanza el nivel de sorpresa de su predecesora.

Ant-Man y la Avispa pretende ser la antesala “feminista” de lo que vendrá en la próxima película de Marvel para la que tendremos que esperar ocho meses. La incorporación de la Avispa al universo de Marvel se produce tras diecinueve películas donde las mujeres han tenido entre poca y ninguna presencia. Esto contrasta con el hecho de que el personaje de la Avispa ya figuraba en la alineación principal de los primeros Vengadores , pero, aun así, bienvenida sea la primera cinta de Marvel con el nombre de una superheroína en el título. Evangeline Lily aporta su innegable encanto al que se le une la superlativa vis cómica de Paul Rudd y el inevitable monólogo del imprescindible Michael Peña.

Ant-Man y la Avispa

En esta ocasión Peyton Reed viene a demostrar que, quizás, algunos de los grandes logros visuales de su anterior cinta perteneciesen a Edgar Wright y los dramáticos al ausente guionista Adam McKay. Cinco pares de manos, Paul Rudd y los guionistas de Spider-Man: Homecoming entre ellos, dan vida a un libreto que parece más un engarce de set-pieces (las luchas con Ava, el instituto, la espectacular persecución por las calles de San Francisco…) que una historia coherentemente hilada que carece de los matices de Ant-Man.

No hay que esperar que todas las películas de Marvel sean sobresalientes espectáculos de fantasía y acción u obras de sociológica importancia, con que sean películas dignas quizás sea suficiente. Ant-Man y la Avispa da lo que promete: Paul Rudd encogiéndose y agrandándose cada dos por tres con cómicos resultados, Evangeline Lily dando tortazos sin esperar a ser rescatada por nadie y unas cuantas lisérgicas imágenes del Reino Cuántico que los guionistas intentan explicar siete veces con absurdas réplicas (vamos, que se inventan las teorías sobre la marcha). ¿Que estamos ante un Marvel menor? Sí, pero tampoco nos pongamos estupendos, es entretenida y muy muy divertida, es solo lo que pretende y parece que es todo lo que podemos pedirle a un pansinsal como Peyton Reed. Para otras cosas ya tenemos a Gunn y los Russo.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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