Alto el fuego, memorias de la guerra

 

Los tres hermanos Laffont, como los Ludlow de Leyendas de pasión, han ido a la Primera Guerra Mundial en Alto el fuego, primer largometraje del francés Emmanuel Courcol. Alguno se quedó en las trincheras, otros volvieron a su hogar o escaparon muy lejos, al continente africano colonial, intentando olvidar los horrores de la guerra, los recuerdos marcados a fuego y metralla tanto en el cuerpo como en la mente. Marcel es uno de tantos heridos que regresaron a su casa para recibir un reconocimiento y una ayuda por parte de los que se quedaron a esperarlos. Entre ellas las pobres mujeres viudas que aún todavía lloraban las muertes de sus maridos, las enfermeras que cuidaban de estos atormentados y atribulados enfermos o todas esas madres que guardaban en arcones lo que no podían destruir. Georges es otro de los que se salvó ¡pero este aunque puede hablar prefiere silenciar ciertas cuestiones! Viviendo en Alto Volta se da cuenta de que nada de lo que haga allí podrá cambiar lo que vio y sufrió en el pasado, experiencias que ningún ser humano nunca debería haber conocido. Este héroe junto a su compañero de aventuras enmascarará sus sentimientos y se los traerá de vuelta a Francia junto a su hermano que parece haber encontrado una buena futura esposa.

Alto el fuego

Este es el mejor momento que van a compartir los dos Laffont, el auxilio de un ex capitán que intenta resarcirse de su fracaso en la vigilancia y salvación de Jean ayudando en todo lo que pueda a Marcel o una pasión amorosa y amistosa entre la profesora de lenguaje de signos, Helene y los dos hombres que la ven como el bote salvavidas que puede sacarles de su infierno personal y su silencio forzado. Con ella disfrutarán de una cotidianidad que parecía dificil de conseguir, como por ejemplo unas veladas y salidas campestres en automóvil que terminan de unir los lazos más evidentes.

Alto el fuego es un claro homenaje a aquellos que dieron sus vidas por su patria en una guerra absurda ¡todas lo son! El director prende de la solapa de todos los uniformes una medalla merecida que jamás se concedió como a su abuelo o ese soldado desconocido que fallecido habitaba tumbas reales o que vivo le costaba Dios y ayuda superar las secuelas en las invisibles que abundaban en los esqueletos de las ciudades arrasadas por el conflicto bélico. Las ideas de Alto el fuego, basadas en el libro de Hampaté Ba El extraño destino de Wangrin o en las batallitas del citado familiar, por fin salen a la luz en este film intimista y desgarrador que tiene su cima más alta en el monólogo gritado de Georges a Helene que explica su comportamiento violento e inconformista que hace que tenga que viajar de un lado a otro en busca de una felicidad quimérica, un nómada que solo puede saciar su sed en lugares apartados y olvidados por el hombre, como la jungla en la que pierde a grandes amigos. Allí todavía puede ser útil para los demás, una nueva guerra que nunca se fue.

Alto el fuego

Si en El cazador de Michael Cimino encontrábamos a un Robert de Niro estelar e intimista que callaba lo que pensaba y que expresaba fuertemente sus emociones a través de sus actos, Romain Duris no lo es mucho menos. El actor tuvo que prepararse a conciencia el papel, tal y como él ha revelado, con largas sesiones de entrenamiento físico y mental que tienen su retrato en los flashbacks que inundan sus pesadillas o sus escenas de diálogo con Helene en las que recuerda con pesar como perdió a muchos de sus compañeros de filas. El retrato psicológico de Georges tiene explicación lógica y sus reacciones adquieren sentido y merecen nuestra sensibilidad.

Alrededor de Marcel y Georges Alto el fuego teje una dramática telaraña, ambientada en la Francia de posguerra, donde están atrapados unos secundarios correctos que se mueven al son que marcan los dos protagonistas. Comparten sus miedos e inseguridades y solo pueden liberarse marchándose lejos como es la intención de alguno de ellos que no puede soportar tanta presión. Brad Pitt era ese Tristán enamorado y odiado que pasionalmente mordía la vida y que nunca estaba saciado, un hombre inconformista que no dejaba de luchar contra sus demonios y que se convertía en un fantasma de leyenda. Georges es como él, nunca estará satisfecho haga lo que haga, un polvorín en movimiento que no puede nunca detenerse. Hombres como ellos no abundan, Emmanuel Courcol nos presenta a uno de estos últimos en esta pasable y aprobada historia sobre la guerra que nos llega dos años después de su estreno en el país vecino.

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