Abracadabra, desafortunada comedia costumbrista

 

Existen en Abracadabra unas intenciones más que loables por parte de Pablo Berger, su director y guionista, de ofrecer un retrato ibérico en consonancia con las anteriores obras de su breve filmografía, Torremolinos 73 y Blancanieves. Tras el inusitado éxito de su anterior película, Berger ha intentado facturar una película que se mueva por los terrenos del esperpento y la astracanada, pero que a ojos de un servidor no funciona debido a una escasa pericia en la vena cómica, provocando vergüenza ajena en contados momentos.

Abracadabra de Pablo Berger

Carmen y Carlos son un matrimonio con hija adolescente que ha perdido el hilo de su relación debido al notable machismo del marido. Berger nos cuenta esto en los primeros minutos de Abracadabra tirando de los más sobados tics del machista hispano: Carlos, cerveza en mano, grita a la tele mientras ve el fútbol; no es capaz de ver lo guapa que se ha puesto su mujer para una boda; y, para acabar, canta gol en medio de la ceremonia con la complicidad del cura que le pregunta qué tal el partido. El retrato, poco sutil y más propio de Aquí no hay quien viva, despoja a Antonio de la Torre de la capacidad de componer un personaje con matices, cayendo en un maniqueísmo de Carlos-malo y Carlos-bueno.

Una boda será el punto de inflexión donde un correcto pero monocorde hipnotice a Carlos y desemboque en la peripecia de Carmen por saber qué le ha ocurrido a su marido. Tampoco puede luchar contra un personaje que interpreta de forma sobreactuada y que poca justicia hace tanto a sus dotes de actriz (sobradamente conocidas por todos, aunque algo lejanas ya) como a la multitud de personajes femeninos en los que pretende mirarse, desde la de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? a la Penélope Cruz de Volver.

Abracadabra de Pablo Berger

Abracadabra quiere mantener un tono de costumbrista y a su vez sublimar la chabacanería y el trazo grueso. Buen ejemplo de ellos son las escenas protagonizadas por Javivi, y Saturnino García: completamente innecesaria la primera, absurdamente exagerada la segunda y carente de chispa y gracia la última cuando precisamente quiere hacernos reír. No cabe duda que la intención de Berger es potenciar el absurdo con una trama que mezcla fantasmas y amas de casa resignadas usando precisamente técnicas de extrarradio. Sin embargo, estas no trascienden.

La película de Berger termina siendo excesivamente obvia en su mensaje de denuncia al machismo, escasamente arriesgada en su apartado formal (no, unos cuantos planos con gran angular y un montaje esquizofrénico no es una puesta en escena) y poco afortunada en su vertiente cómica.

Paco Casado

Con cuatro años insistí a mis padres en que tenían que llevarme a ver Superman II a pesar de estar yo con 40 de fiebre. Mi padre me quiso meter a ver Conan, el bárbaro con cinco años y el portero del cine, sensatamente, no le dejó. Otro día me llevó a ver Octopussy y Licencia para matar y me fascinó James Bond. Sin contar con el día en el que con nueve años nos sentamos a ver 2001 porque pensábamos que era "una del espacio". Con catorce años hacía pellas en el instituto para irme por la tarde al cine. Y así podría seguir con mi educación emocional y contaros cómo el cine está asociado a mi vida.

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